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lunes, 28 de julio de 2008

El mejor discurso de la historia


¡Maldita sea!

¡Maldita sea, recórcholis, retruécanos, rayos y truenos! ¡Mierda! La Ley de Murphy es implacable, cruel y despiadada. Ha sido una semana, apenas ocho días desconectado de la realidad del Valencia CF... pero me he perdido algunos de los mejores días informativos del año. Mientras yo retozaba en las soleadas playas, clas y piscinas de Ibiza, un terremoto tras otro han sacudido al club ché como si de un país asiático se tratara. Algo lógico, teniendo en cuenta la cantidad de "kataneos" al estilo Yakuza que se han producido en los últimos días.

Ya habrá tiempo para arrearle a Juan Soler: sólo hay que ver cómo inició su comparecencia pública del pasado jueves, llamando a Juan Villalonga "demagogo" y alegando que "el Valencia no necesita magos". Efectivamente, tiene razón: sólo Jesucristo y sus milagros (sí, esos en los que hay "pescaíto" y barras de pan por doquier) podrían solventar la que hay montada en el Valencia. Y ya que ahora se han vuelto "amigos para siempre", podría también incluir a Vicente Soriano en el pelotón de arreamiento. El mero hecho de estar junto a Soler convierte a cualquiera en susceptible de ser criticado hasta la saciedad, y el oportunismo de Soriano y su nombramiento como nuevo presidente del Valencia no hace sino confirmar una máxima incuestionable: persona que llega al cargo, persona que empieza a cagarla sin remedio.

Pero no quiero hablar de estos personajes. Mi mayor motivo para estar enfadado es haberme perdido una de las ruedas de prensa más espectaculares de la historia de la ciudad. Todos mis compañeros de profesión lo dicen sin ningún tapujo: la comparecencia de Villalonga el pasado jueves a eso de las ocho de la tarde fue, como dijeron muchos, "de manual". Tengo una compañera que no hace mucho asistió a clases de retórica en la facultad, y lo que he podido ver y escuchar concuerda a la perfección con todos los requisitos necesarios para hablar en público de forma exitosa: postura corporal, gesticulación, empleo del lenguaje, cadencia y tono de la voz, la mirada centrada en cada uno de los periodistas allí presentes... Todo medido, cuadrado y calculado al milímetro, sin un mísero papel, sin ningún apunte delante. Todo de memoria. Todo de cabeza. Impresionante.

Las formas fueron impecables, pero el fondo del discurso fue todavía más demoledor. Abrir una rueda de prensa con "¿Saben ustedes cual es la deuda actual del Valencia? Son 439 millones de euros". Pausa. La audiencia se queda pasmada cuando la cifra aumenta a los 789 millones tras incluir el coste del nuevo estadio. Un boquete enorme, gigantesco. Un puñetero agujero negro. La ruina. Cosas que pasan cuando le das un juguete muy caro a un niño caprichoso y sin cabeza.

Me da pena ver cómo se ningunea a un tío que, al margen de lo que cobre en comisiones, ha demostrado ser un profesional en el ámbito de la empresa como la copa de un pino. Un auténtico "mago de las finanzas", diga lo que diga el señor Soler. Un hombre capaz de ilusionar, de hacer públicas sus ideas, de "vender la moto" mejor que cualquiera que haya pasado por el club en los últimos años. Villalonga, en 75 minutos, puso más iniciativas encima de la mesa que el Consejo comandado por Soler en los últimos cuatro años. Sólo queda el consuelo de saber que, pese a lo sucedido hace unos días, Villalonga no se ha dado aún por vencido y sigue adelante que su idea de comprar las acciones de Soler por 76,7 millones de euros. Mientras tanto, Soriano sigue con la sonrisa de Joker en el rostro, feliz por ser al fín presidente. Y Soler... sigue siendo Soler.

domingo, 13 de julio de 2008

"Mañana firmamos... y, si no, el lunes"

A estas alturas, la frasecita de las narices me tiene más que harto. Al igual que toda la masa social levantinista, he alcanzado un punto de hastío tal, tan grande, tan enorme... que me importa un comino todo.

La parodia nacional está alcanzando en el Levante UD cotas inimaginables en los últimos dos meses. Primero, con las manías persecutorias del "Tito" Villarroel, enrocado en su castillo y empeñado en evitar a toda costa que Antonio Blasco (acompañado por Gabriel Martínez) llegara al club como nuevo mandamás. Y luego, con el tan cacareado grupo inversor de chiste que llegó del Sur, capitaneado por Tomás Carmona y Salvador Villena: dos personajes cuya credibilidad cae en picado conforme pasan los días.

¿Por qué demonios tiene un club con 99 años de existencia que aguantar a toda esta retahila de impresentables? Casi un cuarto de siglo después de su llegada a la entidad, no vamos a negar que con Villarroel se alcanzó de nuevo la Primera División, por lo que su gestión podría considerarse relativamente aceptable en el plano deportivo. Pero ya en su día hablamos del tremebundo agujero negro que ocupa ahora el lugar donde antaño se apilaban fajos de billetes: las arcas del club. ¿Qué fue de los 50 millones de euros conseguidos de la zona terciaria hace cinco años? ¿Por qué la deuda actual supera ampliamente los 60 millones de euros? Uno de los efectos colaterales de la llegada de los nuevos dueños es que, por desgracia, puede que nunca conozcamos con exactitud las cuentas del club. Y por extensión, nunca podamos sacar a Villarroel a la palestra para preguntarle lo obvio: ¿dónde leches está la pasta, Pedro?

Carmona y sus compinches parecen cortados por el mismo patrón que Don Pedro. Desde el primer momento sus trapicheos, sus cambios de fechas, excusas baratas, explicaciones poco convincentes y retrasos a la hora de poner los billetes encima de la mesa han provocado en el levantinismo un recelo más que comprensible. "Estos son unos piratas", me decía el otro día un "granota" sexagenario, ya curtido en estas lides. Desde luego sus credenciales, su supuesta liquidez, parece en estos momentos más ciencia ficción que pura realidad. Y su pretensión de paciencia por parte de la parte vendedora y de toda la afición, su "mañana se firma... o al día siguiente"... qué quereis que os diga, me da mala espina. Muy mal rollo.

A Carmona le crece la nariz conforme pasan los días; Julio Romero sigue erre que erre, echando balones fuera y haciendo un verdadero "papelón" ante unos jugadores y empleados que hace tiempo dejaron de luchar, y ya parecen resignados a no cobrar; y el aficionado del Levante suelta una lágrima cada día, indignado por la poca vergüenza de sus dirigentes, harto de tanta mentira y rabioso por la situación actual del club de sus amores. Un club casi centenario, con una historia detrás, un sentimiento que ninguno de sus actuales gestores comprende ni respeta. Están hasta el gorro. Estamos hartos. Carmona, déjate de tonterías y firma de una puñetera vez. Haz realidad los cientos de promesas que salen de tu boca cada día. El Levante no se merece esto.

PD. Y no quiero hablar de esa teoría, a la que me adscribo plenamente, que dice que Villarroel está detrás de todo. Algunos creemos que Pedro quiere hacer la del Burgos en 2001 (enviar a un supuesto "comprador" falso a negociar con un club en problemas... y desestimar la operación a última hora), pero con su propio equipo. Sería demasiado mezquino si fuera verdad, pero... Villarroel es capaz. "¡El Levante soy yo!", ha dicho más de una vez. Alguien tan egoísta es capaz de hundir al club con él, antes que cederlo a otra persona.

miércoles, 9 de julio de 2008

La factura del teléfono


Desde luego, debemos reconocer que el Valencia es capaz de sorprender. Cuando ya todos nos resignábamos a que los "temazos" del verano fueran las salidas de jugadores y las dificultades de la secretaría técnica encabezada por Juan Sánchez para "aligerarle" la plantilla a Unai Emery, va y aparece Villalonga en escena.

En este caso la frase recurrente de que "no por esperado es menos sorprendente" se cumple a rajatabla: efectivamente, las negociaciones llevaban en marcha muchos meses, pero quizá a todos nos haya afectado el síndrome "venta del Levante UD" (también denominado "síndrome del vuelva Usted mañana"), y creyéramos que eso de que Juan Soler iba a traspasar sus acciones al antaño jefazo de Telefónica era como lo de los Reyes Magos o lo de que, si te esfuerzas mucho en la vida, acabarás teniendo tu recompensa: una mentira como una casa.

Finalmente parece que Villalonga no será el nuevo máximo accionista del Valencia, sino más bien una suerte de gestor que se encargará de regir los destinos del club en el momento en que Juan Soler de el visto bueno. En pocas palabras, Juan Villalonga va a ser el que "corte el bacalao" a partir de ahora en la casa de los líos ché. Y parece que esta vez Soler no va de farol con eso de apartarse de la primera línea del frente. Claro, si Soler ya dijo que se retiraba a un segundo plano cuando a finales del año pasado Morera y Salom fueron designados los "delfines", ¿ahora pasará a un tercer plano? Tendremos que verlo para creerlo.

Quizá lo más curioso sea observar, desde la distancia, como lo que en su día se vendió como "una nueva era en el Valencia CF", una etapa de relumbrón, pasta por un tubo y despilfarro a espuertas, ha acabado por fagocitar a su máximo valedor. Hace un par de temporadas Soler tenía en mente la construcción del faraónico Nuevo Mestalla, un equipo que aspirara a todo en Europa, fichajes de renombre... y un remanente de dinero (procedente de fuentes y recalificaciones más que dudosas) para poder comprarse un heladito y todos los cafés que él quisiera. La triste realidad, a día de hoy, es que Soler ha tenido que llamar a Villalonga cual Señor Lobo de "Pulp Fiction": un solucionador de problemas que reflote la maltrecha economía del club, traiga nuevos inversores... En definitiva, que haga las cosas con sentido común, algo bastante novedoso en el Valencia de las últimas temporadas.

La última incógnita que queda por despejar hace referencia a las motivaciones del propio Villalonga al embarcarse en semejante proyecto. Al comerse semejante "marrón", vamos. ¿Se habrá vuelto loco? Se dice que no va a cobrar un duro por su faena, que sus únicas ganancias saldrán de "pequeñas" comisiones tras cada una de las operaciones de patrocinadores, inversores, entidades financieras... a los que logre embarcar en ese yate de lujo a la deriva llamado "S.S. VCF". Está poniendo su reputación en juego, algo bastante peligroso si tenemos en cuenta que todo aquel que manda en el Valencia acaba "per l'aire" con los pies por delante. Por eso no me acabo de fiar. Al igual que reviso minuciosamente las facturas que Telefónica me cobra cada mes, habrá que estar muy atentos a los pasos que de el nuevo "boss" valencianista. No debemos olvidar que este señor fue el de las "stock options"...