
¡Maldita sea, recórcholis, retruécanos, rayos y truenos! ¡Mierda! La Ley de Murphy es implacable, cruel y despiadada. Ha sido una semana, apenas ocho días desconectado de la realidad del Valencia CF... pero me he perdido algunos de los mejores días informativos del año. Mientras yo retozaba en las soleadas playas, clas y piscinas de Ibiza, un terremoto tras otro han sacudido al club ché como si de un país asiático se tratara. Algo lógico, teniendo en cuenta la cantidad de "kataneos" al estilo Yakuza que se han producido en los últimos días.
Ya habrá tiempo para arrearle a Juan Soler: sólo hay que ver cómo inició su comparecencia pública del pasado jueves, llamando a Juan Villalonga "demagogo" y alegando que "el Valencia no necesita magos". Efectivamente, tiene razón: sólo Jesucristo y sus milagros (sí, esos en los que hay "pescaíto" y barras de pan por doquier) podrían solventar la que hay montada en el Valencia. Y ya que ahora se han vuelto "amigos para siempre", podría también incluir a Vicente Soriano en el pelotón de arreamiento. El mero hecho de estar junto a Soler convierte a cualquiera en susceptible de ser criticado hasta la saciedad, y el oportunismo de Soriano y su nombramiento como nuevo presidente del Valencia no hace sino confirmar una máxima incuestionable: persona que llega al cargo, persona que empieza a cagarla sin remedio.
Pero no quiero hablar de estos personajes. Mi mayor motivo para estar enfadado es haberme perdido una de las ruedas de prensa más espectaculares de la historia de la ciudad. Todos mis compañeros de profesión lo dicen sin ningún tapujo: la comparecencia de Villalonga el pasado jueves a eso de las ocho de la tarde fue, como dijeron muchos, "de manual". Tengo una compañera que no hace mucho asistió a clases de retórica en la facultad, y lo que he podido ver y escuchar concuerda a la perfección con todos los requisitos necesarios para hablar en público de forma exitosa: postura corporal, gesticulación, empleo del lenguaje, cadencia y tono de la voz, la mirada centrada en cada uno de los periodistas allí presentes... Todo medido, cuadrado y calculado al milímetro, sin un mísero papel, sin ningún apunte delante. Todo de memoria. Todo de cabeza. Impresionante.
Las formas fueron impecables, pero el fondo del discurso fue todavía más demoledor. Abrir una rueda de prensa con "¿Saben ustedes cual es la deuda actual del Valencia? Son 439 millones de euros". Pausa. La audiencia se queda pasmada cuando la cifra aumenta a los 789 millones tras incluir el coste del nuevo estadio. Un boquete enorme, gigantesco. Un puñetero agujero negro. La ruina. Cosas que pasan cuando le das un juguete muy caro a un niño caprichoso y sin cabeza.
Me da pena ver cómo se ningunea a un tío que, al margen de lo que cobre en comisiones, ha demostrado ser un profesional en el ámbito de la empresa como la copa de un pino. Un auténtico "mago de las finanzas", diga lo que diga el señor Soler. Un hombre capaz de ilusionar, de hacer públicas sus ideas, de "vender la moto" mejor que cualquiera que haya pasado por el club en los últimos años. Villalonga, en 75 minutos, puso más iniciativas encima de la mesa que el Consejo comandado por Soler en los últimos cuatro años. Sólo queda el consuelo de saber que, pese a lo sucedido hace unos días, Villalonga no se ha dado aún por vencido y sigue adelante que su idea de comprar las acciones de Soler por 76,7 millones de euros. Mientras tanto, Soriano sigue con la sonrisa de Joker en el rostro, feliz por ser al fín presidente. Y Soler... sigue siendo Soler.

