
Llevo
poquito trabajando en
radio. Y
relativamente poco en el mundillo del
periodismo deportivo. Y tampoco son tantos los años que llevo viendo
baloncesto ACB y NBA. Pero hay cosas que, independientemente de tu
experiencia personal y profesional...
"te huelen mal". Como quedarte encerrado en las
duchas de la cárcel con un moreno llamado
Mandingo. Dentro de tí, sabes que algo malo va a pasar.
Hoy, por ejemplo. Siempre que ha habido
una fase final, una Copa, un partido a ida y vuelta en el caso del fútbol... solía tener el mismo diálogo con uno de los
técnicos en la radio, el gran
Alberto Navarro. Y es que un profesional como Alberto sabe que, en caso de competiciones de un día para otro, las
cuñas, promos, músicas, etc. deben modificarse en cuestión de horas. Por poner un ejemplo practico: en la
Copa del Rey de Madrid, Alberto me llamó minutos antes del partido.
"Paco, si Pamesa pasa me acercaré por la radio a grabar la promo para las semis", me dijo. No hizo falta... porque
palmamos contra el TAU. Pese a dar la cara.
Pero hoy no. A las
17:30, a media hora del inicio, todavía no tenía notificación suya. Ni una llamada. Nada. Y a la conclusión del encuentro se me ha ocurrido llamarle.
"¿No pensabas pasarte si le ganábamos al Khimki?" he preguntado.
"Ah, pero... ¿creías en serio que Pamesa pasaría?"
Hasta ese punto ha llegado el equipo de
Neven Spahija. Hasta el punto de que los neófitos
desconfíen de todo lo relacionado con el club. Hasta el punto de que los que vivimos de esto acabamos siempre con
cara de gilipollas porque te has currado una
retransmisión, entradilla, sintonías, cuñas, promos, desplazamiento, comentaristas... y no haces más que palmar.
Palmar y palmar y palmar. Como lo del
"ganar y ganar" de
Aragonés, pero a la inversa.
Bien visto, se podría decir que este
Pamesa 2008-2009 es calcado, en cuanto a actitud y
expectativas, a la
Selección Española de fútbol del Mundial 2006. Sí, la del
estigma del perdedor grabado a fuego, en contraposición a la actual "Roja". Sí, la del
árbitro egipcio ese. Las expectativas son siempre, en la previa, de
euforia desmedida.
"¡Nos comeremos el mundo" que diría aquel. Pero siempre,
S-I-E-M-P-R-E, por una cosa o por otra, por
arbitrajes sibilinos, capacidad
reboteadora infame,
rival netamente superior, falta de
calidad individual, errores del
tecnico o porque la
abuela fuma, siempre la película acaba del mismo modo. La competición sigue, y
España... digoooo,
Pamesa se queda en
cuartos.
Y de verdad puedo entender a los que esta noche pidan a grito pelado la
cabeza de Llorente en una pica, la
guillotina para Spahija, un
fusilamiento colectivo de la plantilla... o
las tres a la vez. Porque aunque periodista, eres
persona. Y aunque periodista, eres
aficionado. Y da
mucha rabia, cojones. No ser capaz de capturar un
mísero rebote, y que los rusos se hinchen a cogerte
rebotes ofensivos. Que seas capaz de anular con faltas a algunos de los
mejores hombres del Khimki, y dejes corretear suelto a su
mejor especialista exterior. Es como el chiste de
Eugenio:
"¿Saben aquel que diu... que Spahija no sabe cómo atacar una zona?" Sería hasta gracioso si no estuviese basado en
hechos reales.
Ya no es problema de que Roig
ponga los duros encima de la mesa. Que la gente no olvide esto: si el señor Juan Roig se cansa y hace eso de
"la pelota es mía y se acabó el partido", al garete con Pamesa. Pero sí hay que
apuntar a alguien. O
algo. Aunque sea a
Pascualet. La responsabilidad del
enésimo batacazo hoy en Turín es un peso que debe ser compartido por directivos con estrecheces de miras, un "coach" que no se cansa de hablar de su "esperiensia" y su categoría pero que no es capaz de gestionar los (poquitos) recursos que tiene, y una plantilla en la que se salvan dos o tres... como máximo.
La frase la dijo
don Nacho Sapena hace unos días:
"O Pamesa gana la Eurocup... o se come una mierda". Bien,
nos hemos comido una mierda. Con el
sabor de las heces aún en el paladar... ¿qué nos queda? Partiendo de la base de que este equipo es serio candidato a
encajar un contundente 3-0 en
play-offs (en caso de llegar, que eso todavía está por ver), nos queda el
veranito. El sol, las olas, la fina arena de Valencia, las discotecas (¿verdad, Rubensito?) y los
chiringuitos. En eso se ha convertido Pamesa en los últimos años: en un chiringuito al que se acercan
trincadores de tres al cuarto, y que no ha encontrado todavía un mínimo de
coherencia en su
planificación deportiva. Siempre nos quedará la esperanza de que este verano sea el
definitivo, y se apueste por un
proyecto ganador. Los "cacaos" los pondría Roig en caso de estar en
Euroliga... ¿los pondrá si no nos metemos ni siquiera en la
infame Eurocup?
Pues eso... La
misma historia de siempre.