
martes, 13 de enero de 2009
¡Hostias!

martes, 14 de octubre de 2008
Escándalo

Y mi instinto me dice que Pino Zamorano es el peor árbitro de todos los que pululan por la Segunda División española, que es como decir que una patada en los genitales duele más que un puñetazo en la cara: ambos asuntos son muy desagradables, pero uno es más dañino que el otro. Me fío de mi instinto, pero también de Jose Molins (que estaba en el estadio) y de lo que publica Miguel Ángel Vara en su blog. Atención a lo que dice uno de los mejores en esto de juntar letras en nuestra ciudad:
Para los que no lo vieran que serán muchos dado el apagón informativo que sufre el Levante, cuyo descenso le ha venido de maravilla a muchos medios que lo consideraban un estorbo, recordaremos que Pino Zamorano, en teoría árbitro, en la práctica un inútil con silbato, pitó dos penaltis en contra y expulsó dos jugadores del equipo local, en este caso el Levante. Creo que jamás se vio un expolio similar, recuerdo un Levante-Badajoz con dos o tres expulsiones pero un solo penalti (que marcó el pacense Bracamonte, ahora en el Moscú FC), pero dos penaltis... y encima ambos muy dudosos por no decir absolutamente injustos. Hace falta ser patán para arbitrar tan mal, para hacerlo todo al revés y perjudicar tan gravemente a unos profesionales que se dejan los cuernos. Ayer fue al Levante, mañana será a otro porque lo de Pino...cho no es nuevo, era dañino en Primera, lo es en Segunda y lo será en cualquier categoría que arbitre. El cáncer arbitral es uno de los problemas que nadie en el fútbol se atreve a atajar por miedo a las represalias, ni a buscar soluciones de tipo tecnológico que, por ejemplo, hubieran demostrado que el primer jugador del Girona se tira y el segundo se escurre, vamos, que no fue penalti ninguno de los dos, ni expulsión. Pero aquí todo da igual, este individuo seguirá pitando y llevándoselos calentitos y a joderse los de siempre.
Tras esto, poco más se puede añadir. Ayer este personajillo con apellido de árbol (me extraña que no se llame "Alcornoque", por burro) acabó su INFAME actuación echando un camión de sal sobre la herida que él mismo causó, redactando un acta incendiaria y, según atestiguan muchas de las personas implicadas, con inexactitudes... o directamente, mentiras.
Para ver lo más interesante del acta arbitral del Levante-Girona, te recomiendo que visites esta entrada en el Blog de Deportes de LP Punto Radio.
Y, tras haber soltado lastre, me marcho a escribir. ¡Chau!
lunes, 7 de abril de 2008
La estafa sigue su curso

El partido frente al Murcia sólo es el último eslabón en esa serie de catastróficas desdichas que es la etapa de Ronald Koeman como técnico che. La visita de los Marchena, Baraja, Joaquín y demás a tierras murcianas se saldó de la forma más lógica en tan insigne paraje: el Valencia no jugó un pimiento. La primera parte fue una película de terror sobre el césped: un equipo perdido y desorientado, a merced de un Murcia cuyos jugadores no daban crédito a las facilidades ante las que se estaban encontrando. El "Torito" Aquino volvió loco a Miguel por la derecha, Iván Alonso hizo lo mismo con la pareja de centrales "de la selección", el mediocampo formado por Baraja y Banega naufragó sin remisión y Morientes parecía Tom Hanks en "Naúfrago". Con dos tonterías, el equipo dirigido por un Javi Clemente al borde de un ataque de nervios puso al Valencia contra las cuerdas: primero con el gol, que llegó tras un saque de falta desde 40 metros botado por Abel y que Alonso remató sin apenas oposición, y después con una gran jugada colectiva que acabó con un remate al travesaño del "Torito".
El descanso no cambió el panorama. Koeman parecía no darse cuenta de que estaba palmando frente al penúltimo de la Liga, y sus cambios fueron tan previsibles como que te vas a mojar si llueve: Edu por Banega, Zigic por Morientes y Arizmendi por Mata. Daba igual, porque el equipo seguía sumido en l mediocridad, pese a que dispuso de un tiro a bocajarro de Morientes y de un remate minutos después de Zigic al travesaño. A Clemente le bastó con asegurar la línea de contención y plantar el autobús en defensa para amarrar los puntos y darle una alegría a la afición pimentonera.