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| La carrera de Brian Clough no fue un camino de rosas... |
«La realidad de la vida futbolística es esta: el presidente es el jefe; luego viene la directiva; luego, el secretario; luego, los hinchas, los jugadores... y finalmente, el último de todos, en el fondo del montón, abajo de todo, ese de quien al fin y al cabo se puede prescindir: el puto entrenador» Sam Longson, presidente del Derby County
1 de diciembre de 2012. Seis de la tarde. Manuel Llorente suspira en el palco de Mestalla mientras el balón echa a rodar. El Valencia se mide a la Real Sociedad. Goles, caos, pitos, pañuelos.
1 de diciembre de 2012. Nueve y media de la noche. Manuel Llorente acaba de destituir a Mauricio Pellegrino como entrenador del Valencia. Su entrenador. Su apuesta personal.
Un par de semanas atrás, Pellegrino asistía junto a su homólogo granota Juan Ignacio Martínez a una proyección del film "The Damned United" (Tom Hooper, 2009). En la charla-coloquio posterior, muy jugosa debido a la claridad meridiana con la que ambos protagonistas se expresaron, el "Flaco" se descolgaba con una frase que, vista en perspectiva, no deja de resultar irónica: "Ahora no son buenos tiempos para la figura del entrenador. Te sostienes en una silla de palillos o de cristal".
No, desde luego no corren buenos tiempos para los entrenadores. En general, no corren buenos tiempos para nadie en absoluto.
