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jueves, 25 de diciembre de 2008

Extraña Navidad


Cuando le doy al coco, algo que sólo sucede de cuando en cuando, me vienen a la cabeza reflexiones interesantes. Por ejemplo, que las horas más inútiles del año son las que pasan entre que dejas de trabajar el día 24 de diciembre, y el momento en que el Rey se poner a lanzar su parrafada anual a eso de las nueve de la noche. Un lapso temporal que transcurre lento y aburrido, sin apenas alternativas: todas las tiendas están cerradas, algunos de tus allegados preparan la abundante cena navideña y el resto de personas, igual que tu, no tienen nada que hacer.

Luego, el discurso de Juan Carlos. Este año jugué a un juego etílico por excelencia, procedente de las más recientes tradiciones americanas. Si con Sarah Palin sus acólitos bebían de trago cada vez que la gobernadora de Alaska pronunciaba la palabra "maverick", "outsider" o "Joe Six-Pack", en mi caso fue algo distinto. Hubo trago de cerveza cada vez que el Rey dijo "democracia", "españoles", "economía", "terrorismo", "unidad-unión"... ¡y "crisis"! Hasta en nueve ocasiones salió la palabreja de moda, algo que sorprendió a propios y extraños.

Luego, el ágape. Abundante, excesivo, fuera de proporción... Lo de siempre. Ponerse hasta el culo en Nochebuena en un clasicazo sin parangón. Y para hoy a mediodía, tres cuartos de lo mismo. Y encima, el gimnasio cerrado hasta mañana viernes... Arg!

Ayer fue noche de mensajitos SMS y todo tipo de buenos deseos. Otro topicazo, otro que este año apenas innova. Los mensajes más llamativos eran referentes a Obama, su presidencia y el nuevo status dentro de los Reyes Magos de Baltasar. Eso, originalidad. Al menos recibí muchos más de los que envié, que fueron bastantes.

Y esta noche... partidazo. Los Celtics visitan a los Lakers ("loleiquers", según Nikola Lonkar) el Staples a partir de las once de la noche. Eso sí que es un pedazo de regalo, pardiez.

jueves, 17 de abril de 2008

Juan, ¡¿gracias por todo?!


Alucinante. Sólo puedo calificar de esta manera lo que véis en la imagen de arriba. Esta camiseta se repartió en la Plaza de Toros, en el "sarao" montado por Julio Insa. Mira que tengo amigos en Radiosport, muy buena gente, enormes profesionales de los medios. Pero me reservo mi opinión sobre este arrebato "solerista": che, vale que el VCF te patrocine el evento a través de Telefónica, y vale que por encima de todo defiendas al club y a su máximo accionista... pero lo de la camiseta es pasarse un poquito, ¿no? "No feia falta, Juliet", que diría aquel.

Polémicas aparte, lo más importante fue el resultado de la final: 3 a 1, y la séptima Copa "pa la saca". Un partido, además, ganado con solvencia, con brillo incluso, sacando a relucir las cualidades de ese Valencia rocoso y sólido atrás y demoledor al contragolpe. Fue el partido de Silva, por su preciso manejo del balón en los metros finales; de Mata, por su estado de gracia; de Alexis, por reivindicarse y hacer su mejor partido con la camiseta del VCF justo el día más importante del año; de Baraja y Marchena, cuya veteranía e intimidación pudo con el centro del campo azulón; y de Morientes, gran persona y todavía mejor jugador, que sigue con la ilusión del primer día tras haber ganado todos los títulos a nivel del clubes que un jugador pudiera desear.

Dentro de tres días, sin embargo, regresamos a la Tierra. A esa Liga que tantas decepciones está dando este año. Los blanquinegros visitan La Catedral... y parece que Ronald Koeman finalmente se sentará en el banquillo. Había fuertes rumores de que, con victoria o sin ella, Koeman sería fulminado en la reunión del Consejo del jueves. Pero, tras la alegría de la Copa (y la consiguiente "alegría" por las "copillas" de madrugada en alguna discoteca de Madrid), los directivos recapacitaron, anularon la reunión de ayer y van a mantener al holandés un poco más... al menos, hasta el domingo a las doce de la madrugada.

Volvemos de nuevo a la camiseta. Vale, el Valencia ha ganado un título... pero no gracias a Juan Soler, sino más bien "a pesar" de él. Una reflexión similar se podría aplicar a un Koeman en el que los jugadores hace tiempo que no confían, en quien Joaquín (menudo mosqueo llevaba el gaditano el miércoles por la noche tras no disputar ni un minuto de la final), Villa, Silva y otros futbolistas dejaron de creer hace tiempo. Al holandés se le recordará por dos cosas: por lograr que la Copa volviera a las vitrinas valencianistas nueve años después, y por ser el entrenador con peores números ligueros en la historia de la entidad. Ha llegado la hora de "katanearlo", antes de que la situación vaya a peor. Porque, no nos engañemos, el partido del miércoles lo ganaron los jugadores, no el entrenador. Si el Valencia vence el domingo al Athletic, el holandés dispondrá de siete días más de agonía. Si palmamos... "per l'aire".

miércoles, 16 de abril de 2008

Quedan menos de tres horas...


... para que el Valencia, por fín, arranque una sonrisa a sus aficionados. Para que el balón eche a rodar en el verde del Calderón, y todo lo malo que ha sucedido este año pase a un segundo plano. Para que los nombres de Albelda, Soler, Quique Sánchez Flores, Ronald Koeman... no sean para los sufridos valencianistas más que recordatorios de que mañana vuelve la realidad. Mañana, pero no hoy. Hoy es noche de Copa. En tres horas, el Valencia puede empezar a cimentar su séptimo trofeo copero.

En la radio tenemos los nervios a flor de piel. En la plaza de Toros, en los bares, en las casas... me imagino que todos los aficionados estarán igual de inquietos. Ansiosos de que empiece el encuentro, y de ver la versión "Dr. Jeckyll" del equipo, y no la nefasta cara negra de "Mr. Hyde". Pero, al final, no dependerá ni de los sufridores valencianistas, ni de Juan Soler, ni de Ronald Koeman lo que ocurra en la final de esta noche. Dependerá, como viene siendo habitual desde que el tulipán está al frente del banquillo, de los jugadores. Y por eso, sólamente por eso... soy optimista, che. "Avui guanyem". ¡Seguro!

martes, 15 de abril de 2008

Papá, ¿por qué somos del Valencia?


Salía el pasado sábado de Mestalla con la cabeza gacha, rumiando, pensando en lo que acababa de ver. A la salida, me topé con apenas cinco o seis aficionados que esperaban en la puerta por la que salen los jugadores del Valencia Clúb de Fútbol. Entre ellos pude ver a un padre cogiendo a su hijo de la mano: un chaval de apenas ocho o nueve años, que aguardaba impaciente con un bloc en su mano la salida de los jugadores, de sus ídolos, de sus héroes.

El niño seguro que había presenciado el choque en directo, pero no daba importancia al juego del equipo. A esas edades, la mística del fútbol consigue ocultar todo lo demás: el mal juego, los resultados negativos, el cabreo de la afición... Eso es lo que los aficionados tienen que soportar cada quince días en Mestalla. El sábado, ante el Rácing, el Valencia de Koeman volvió a decepcionar. Volvió a perder. Volvió una imagen lamentable, pese a la mala suerte de disparar al palo en dos ocasiones. Son ya sólamente 18 los puntos obtenidos de 63 disputados. Este equipo ya no gana ni haciendo trampas.

La paciencia del aficionado, no obstante, merece un especial reconocimiento. Las peñas habían acordado con los capitanes apoyar al equipo durante los noventa minutos. Y cumplieron su promesa: dieron aliento, se entregaron y se vinieron arriba con una fuerza inusitada tras el empate de Villa. Luego, el 1-2 de Tchité enmudeció por enésima vez a unas gradas que antaño no callaban nunca. El público esperó al minuto noventa, como había prometido. Y, en el tiempo de alargue, sacó los panuelos a pasear. Otra vez.

El niño de ocho años no vería nada de esto. Pero, ¿qué le diría a su padre el adolescente de 14 o 15 años que tuvo que soportar semejante disparate? El eslogan del Atlético de Madrid hace un par de años da la respuesta: "Papá, ¿por qué somos del Atleti?" Los aficionadas están padeciendo un calvario impropio de un club tan grande como el Valencia. Y en el epicentro del terremoto, un caradura de nombre Ronald y apellido Koeman que se resiste a dimitir. Que se aferra a su contrato como último recurso, y que pone por encima la "pasta" y su indemnización millonaria (¿quién fue el genio que le blindó el contrato en el mes de diciembre?) al bienestar de la plantilla y del club. Un tío cuyas "desiciones" no tienen ni pies ni cabeza, y que poco a poco se está "cepillando" a una plantilla que comenzaba el año con aspiraciones enormes y que ahora está al borde del descenso.

Faltan poco más de 24 horas para que el Valencia salve la temporada tras ganar la final de la Copa del Rey, o bien para que Koeman vaya "per l'aire". Porque no tendría sentido alguno mantener al holandés al frente del equipo si "palmamos" en el Calderón. Pueden entrenar Bakero, Pellegrino, Óscar Fernández o ese extraño elemento llamado Tony Bruins-Slot... pero hay que alejar a Koeman del banquillo a toda costa. Los jugadores no creen en él, la afición no le "traga" y los resultados son paupérrimos. Morera, ¿a qué esperas? O, mejor dicho: señor Soler, ¿a qué narices esperas? ¿A bajar a Segunda?

domingo, 13 de abril de 2008

Un presidente con mucha "geta"


Hablaba hace un par de días de que la faceta deportiva del Getafe era admirable. La gestión de cesiones, fichajes y demás que lleva realizando desde hace varias temporadas su presidente, Ángel Torres, sólo puede calificarse de intachable. Sobre el terreno de juego hay poco que objetar al club azulón... pero las cosas cambian cuando toca referirse a otros aspectos de su funcionamiento.

El amigo Pkdor, del más que recomendable Blog de Checheche, lo expresó de forma contundente la semana pasada. Y es que, en paralelo al crecimiento del Getafe a nivel de resultados y repercusión mediática, estamos asistiendo a la aparición de otro efecto colateral: el progresivo discurso demagógico y altivo de un Ángel Torres que parece estar emborrachándose de éxito en los últimos meses. La final de Copa ha supuesto un importante punto de desencuentro entre Valencia y Getafe, y el señor Torres parece olvidar que gran parte del éxito de su equipo se basa en la cesión de jugadores pertenecientes a otros clubes grandes... entre ellos, el Valencia.

Gavilán, Albiol, Pallardó... Jugadores del Valencia que militan o han militado en calidad de cedidos en el equipo azulón. Eran tiempos en los que Torres era el presidente simpático, un socio del Madrid que a base de buen ojo y una gestión efectiva estaba convirtiendo al "Geta" en un rival a tener en cuenta. Ahora, las cosas son distintas. Ahora, Torres y sus "amigos" Calderón y Laporta (otro que empezó bien, y se ha convertido en un dictador independentista de no te menees) mandan en la Federación, con un poder tal que pueden decidir que la final de Copa se juegue en el Calderón, para así no conceder ventaja a la afición valencianista, más numerosa que la del Getafe. Luego, entre él y el alcalde de Getafe urden un plan para presionar a la Liga a que el Valencia dispute su partido el domingo, cuando el día previsto era sábado. Por desgracia para ellos, el sentido común no dejó lugar a sus pretensiones incomprensibles.

Luego está el tema de las entradas. Y es que hay que tener "jeta", con jota, para usar la web del Getafe como punto de reventa de unas entradas, las de la final de la Copa del Rey, enormemente anheladas por los aficionados valencianistas a los que no les tocaron en suerte. Y encima luego, con toda la cara del mundo, niega cualquier responsabilidad y dice que las entradas son sólo para los socios del Getafe. Torres defiende el supuesto señorío de su equipo, cuando los propios aficionados azulones están haciendo su agosto revendiendo las entradas de la final en Internet bajo cortinas de humo del tipo "vendo mechero por 400 pavos y regalo dos entradas para la final en el Calderón".

El Getafe tiene un gran equipo, sí señor. Pero no debemos engañarnos: poco a poco estamos viendo la verdadera personalidad de su presidente, cuyo carácter está demostrando ser típicamente madrileño, con la chulería y prepotencia por bandera. No pasaría nada si se tratara de un Madrid o un Barcelona (de nuevo, sólo hay que ver a Laporta o a Ramón "los jugadores cobran demasiado" Calderón), pero cuando el éxito de tu equipo se basa en las buenas relaciones con otros clubes para que te cedan jugadores, es mala idea tocarle las narices a entidades como el Valencia CF. Torres, bájate del pedestal y vuelve a la tierra... o será tu equipo el que se pegue el batacazo.