Sólo he estado una vez sobre el césped del Reyno de Navarra... y, sinceramente, no tengo las mínimas ganas de repetir. La cantidad de escupitajos que recibí aquel 8 de octubre de 2007 fueron más que suficientes para llenar cuatro garrafas de tan pegajoso y escatológico elemento. Por eso hoy me compadecía de Carlos Gallardo: uno estaba tan tranquilo en el estudio junto al plasma, un trozo de pizza y la compañía del gran Luis Furió, y él estaba a doce grados y con una pandilla de elementos a apenas unos metros amenazando con dibujarle en el rostro una sonrisa de oreja a oreja...
Foto: Superdeporte
Vale, quizás es algo exagerado, pero sí que es cierto que algunos de los asistentes a ese estadio están por civilizar. Ojo, en Mestalla también pasa. Sólo hay que ver al sujeto que ha agredido al asistente de Velasco Carballo con un objeto contundente: un magnífico bocadillo que ha impactado en el cráneo del juez de línea. Repito: hablamos de un indocumentado de escasa capacidad cerebral que, utilizando su lógica aplastante, ha preferido quedarse sin cena a cambio de poder gozar de la tremenda erección que le habrá supuesto dar la nota de esa manera. Un tonto de remate, vamos. A menos que se haya llevado un bocata de repuesto. En ese caso, más que tonto, sería un cabronazo como la copa de un pino.
A todo esto, el Valencia ha ganado en Pamplona. Poner la tirita antes de la herida le sirvió a Unai para que el árbitro estuviese alerta y no dejase impunes algunas entradas durísimas, como la que ha supuesto la expulsión de Flaño. Emery lleva mejores números que Benítez en el año del doblete... Por suerte, al entrenador del Valencia le tratan un poquito mejor que a los árbitros en el Reyno de Navarra. En lugar de tirarle bocatas a la cabeza, "sólo" le llaman "hijo de puta". Si es que son unos buenazos...
Son algo más que tres puntos. ¡Bam!Topicazo al canto. Pero es verdad. Tras un par de semanas en las que el equipo no terminó de arrancar, la victoria de esta tarde le viene de perlas al Levante.
Empatar ante el Girona en casa es un pequeño traspiés. Sacar un puntito del infausto Ipurúa, una tarea titánica. Hoy las cosas se han puesto de cara pronto, y tras el revés del gol de Kome (menudo churro, pardiéz: no le puede pagar peor a la bola... y no puede entrar por mejor sitio), ha habido que remar mucho para conseguir la victoria.
Me alegro en especial por un par de futbolistas. El primero, Líbero Parri. Pudimos tener la suerte de contar con todo un exfutbolista del Valencia, y "cerebro" de este Levante peleón el pasado jueves en "El Mirador", durante el partido Valencia - Copenhague, en los comentarios del partido. Y allí pudísteis comprobar todos que se trata de un auténtico crack, sobre todo tras cruzarlo en antena con su hermano y agente, Mario Parri, que también estaba en Mestalla. A veces, la radio te deja momentos grandiosos, y escuchar a Mario Parri decir que él no tenía "la pata de palo y el loro" como Mascardi no tuvo desperdicio.
También felicidades para Pallardó. Este golito le sirve para recuperar la confianza tras su lesión, y también para celebrar el nacimiento de su hijo hace escasas semanas. Parece mentira, pero la "Tanqueta de Alaquás" sólo tiene 22 añitos... ¿Se me está pasando el arroz?
PD. A los del vídeo se les ve el plumero, pero efectivamente el Tenerife no hizo mal partido. No obstante, parece que por mucho que "rajara" en la previa del partido, Nino se acordó de su pasado granota y decidió fallar ocasiones clamorosas. Y es que el Levante, para bien o para mal, siempre deja huella.
¡Menudo domingo que nos espera! Segunda jornada de Primera División, tercera de Segunda. Dos partidos con equipos valencianos. Un derbi "caliente" en el Ciutat de Valencia. Un entrenador que vuelve a Almería, a la que fue su casa en las últimas dos temporadas...
El domingo, desde las 17:30 de la tarde, en Las Provincias Punto Radio (92.0 FM o www.puntoradiovalencia.com) serviremos doble ración de fútbol: Levante-Hércules y Almería-Valencia.
El domingo por la tarde, más de seis horas de fútbol en directo. Y servidor, encantado de la vida.
La tarde de domingo era soleada. Domingo de fiesta en Valencia, casi fallero por el ambiente que se podía palpar en los alrededores de Mestalla. Desde las once se preparaba, entre la expectación general, una gigantesca paella de la que más de 1.000 seguidores pudieron comer a mediodía. La gente sonreía, animaba, cantaba, ataviados todos con bufandas, gorros, pelucas y camisetas naranjas. El día era perfecto. Y a las siete de la tarde la jornada concluyó de la mejor forma posible: ganando a Osasuna, y ganando bien.
Hace siete días, el clima era diametralmente opuesto. Negros nubarrones se cernían sobre una afición, la valencianista, harta de todo. Harta de sufrir, de ser humillada por equipos de medio pelo como el Bilbao. La explicación a este cambio radical es bien sencilla, tanto que se puede resumir en un nombre: Ronald Koeman. Con él se han ido los problemas, el mal rollo, la apatía del equipo y los partiditos de "fut-voley". Y con la llegada de aires renovados al banquillo che, con Voro como principal cabeza visible, han regresado cosas que creíamos perdidas. La jugadas de estrategia. El apoyo incondicional de la afición. Los tres apartados, dos de los cuales (Cañete y Angulo) fueron ovacionados por Mestalla.
No puedo expresar la felicidad que me embarga de saber que se ha hecho justicia. Porque era de cajón: mantener a Koeman con el balance liguero del holandés era cosa de locos. Y me llena de tranquilidad ver a mis amigos valencianistas respirar aliviados sin tener el aliento del descenso en el cogote. Desde el primer día sostuve que Koeman era una bacalá infame. Un técnico con mucho nombre, pero con poca "chicha" a nivel táctico y psicológico. Incapaz de motivar al vestuario, su papel de "sargento de hierro" le salió "rana" y consiguió fraccionar a un vestuario que ya de por sí no era el más fraternal de Primera. Ahora, sin el ogro en el banquillo, los jugadores no se sienten oprimidos. Y, aunque el partido no fue para tirar cohetes... volvieron a jugar al fútbol como saben. Como en la final de la Copa.
No podemos valorar un partido que, todo sea dicho, el amigo Ontanaya nos regaló al señalar ese penalti sobre Villa y expulsar a Ricardo. Pero, en la segunda mitad, cuando Osasuna apretaba pero no ahogaba, volvimos a ver al Valencia de siempre. El de toda la vida. Jugada a balón parado, y gol. Contraataque, y gol. Tres a cero. Y todo el mundo contento (claro, menos los pamploneses). Falta ganar un partidito de los cuatro que quedan. La vida vuelve a ser maravillosa. Y que dure.
Alucinante. Sólo puedo calificar de esta manera lo que véis en la imagen de arriba. Esta camiseta se repartió en la Plaza de Toros, en el "sarao" montado por Julio Insa. Mira que tengo amigos en Radiosport, muy buena gente, enormes profesionales de los medios. Pero me reservo mi opinión sobre este arrebato "solerista": che, vale que el VCF te patrocine el evento a través de Telefónica, y vale que por encima de todo defiendas al club y a su máximo accionista... pero lo de la camiseta es pasarse un poquito, ¿no? "No feia falta, Juliet", que diría aquel.
Polémicas aparte, lo más importante fue el resultado de la final: 3 a 1, y la séptima Copa "pa la saca". Un partido, además, ganado con solvencia, con brillo incluso, sacando a relucir las cualidades de ese Valencia rocoso y sólido atrás y demoledor al contragolpe. Fue el partido de Silva, por su preciso manejo del balón en los metros finales; de Mata, por su estado de gracia; de Alexis, por reivindicarse y hacer su mejor partido con la camiseta del VCF justo el día más importante del año; de Baraja y Marchena, cuya veteranía e intimidación pudo con el centro del campo azulón; y de Morientes, gran persona y todavía mejor jugador, que sigue con la ilusión del primer día tras haber ganado todos los títulos a nivel del clubes que un jugador pudiera desear.
Dentro de tres días, sin embargo, regresamos a la Tierra. A esa Liga que tantas decepciones está dando este año. Los blanquinegros visitan La Catedral... y parece que Ronald Koeman finalmente se sentará en el banquillo. Había fuertes rumores de que, con victoria o sin ella, Koeman sería fulminado en la reunión del Consejo del jueves. Pero, tras la alegría de la Copa (y la consiguiente "alegría" por las "copillas" de madrugada en alguna discoteca de Madrid), los directivos recapacitaron, anularon la reunión de ayer y van a mantener al holandés un poco más... al menos, hasta el domingo a las doce de la madrugada.
Volvemos de nuevo a la camiseta. Vale, el Valencia ha ganado un título... pero no gracias a Juan Soler, sino más bien "a pesar" de él. Una reflexión similar se podría aplicar a un Koeman en el que los jugadores hace tiempo que no confían, en quien Joaquín (menudo mosqueo llevaba el gaditano el miércoles por la noche tras no disputar ni un minuto de la final), Villa, Silva y otros futbolistas dejaron de creer hace tiempo. Al holandés se le recordará por dos cosas: por lograr que la Copa volviera a las vitrinas valencianistas nueve años después, y por ser el entrenador con peores números ligueros en la historia de la entidad. Ha llegado la hora de "katanearlo", antes de que la situación vaya a peor. Porque, no nos engañemos, el partido del miércoles lo ganaron los jugadores, no el entrenador. Si el Valencia vence el domingo al Athletic, el holandés dispondrá de siete días más de agonía. Si palmamos... "per l'aire".