Mostrando entradas con la etiqueta koeman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta koeman. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de mayo de 2008

Por Dios, que Unai no salga "rana"...


Tras lavarnos los dientes a conciencia para así eliminar todo rastro de Koeman que pudiera quedar en nuestros paladares, el pasado viernes era presentado su sucesor en el cargo, tras el breve interludio de cinco partidos con Voro al frente del equipo. Unai Emery llega como terapia de choque para solucionar la crisis de identidad de un equipo en caída libre y que ha salvado la temporada a duras penas. Y ya desde su misma presentación las sensaciones son opuestas, DIAMETRALMENTE opuestas a las que transmitía el día de su llegada Ronald Koeman.

Me decía Villena al acabar la rueda de prensa con tono irónico algo parecido: "igualito que Koeman, oye". Tras la rueda de preguntas llegó el momento de que el nuevo técnico comenzara a pasar por todas las radios y televisiones de la ciudad. Y cuando digo todas me refiero, con toda tranquilidad, a más de diez o doce entrevistas con medios distintos. El técnico llevó a cabo "la ronda" con toda tranquilidad, resignado y con una sonrisa de circunstancias mientras le hacían las mismas preguntas una y otra vez. Koeman, por su parte, era un cúmulo de protestas y malas caras el día de su presentación, como me contó mi compañero. "¿¡Otra entrevista más!?", me cuentan que llegó a gritar con indignación.

El talante es otro aspecto en el que el vasco le gana la partida de calle al holandés. Dicen los que le conocen que Emery es una persona tranquila y humilde: Carlos García, jugador suyo en el Almería, ha llegado a decir que los mayores cabreos del técnico han sido en defensa de su equipo, en partidos dónde los árbitros han perjudicado a sus jugadores. Quizá esta humildad provenga de sus orígenes como jugador: aunque llegó a debutar en Primera, Unai pasó de la noche a la mañana de ser jugador del Lorca a entrenar al resto de sus compañeros. Vamos, lo mismito que un Koeman altivo y prepotente, cuyas declaraciones hacían subir el precio del pan cada vez que el tulipán abría la boca.

Unai trae con él una nueva filosofía, que este año ha funcionado a la perfección en el Almería: mucha presión arriba, juego claramente ofensivo, uso intensivo de las bandas y mucha, mucha estrategia. Comparte puntos en común con la filosofía anterior ("barraca" y contragolpe, al estilo Cúper, Benítez o Quique Flores), pero también muchas diferencias. La incógnita reside en saber si esta plantilla será capaz de adaptarse al nuevo estilo de juego, o si bien la renovación "forzosa" del Valencia CF (Villa, Silva y Joaquín tienen muchas papeletas para marcharse) es más profunda de lo que creíamos inicialmente.

¿Que qué pienso yo? Es pronto para opinar, pero seamos francos: mejorar los resultados de Koeman es tan fácil que hasta me da pereza decir que Unai Emery lo conseguirá con la gorra. Tras su presentación, pude saludar al técnico y le di la enhorabuena a mi manera: "Enhorabuena, Unai. Bienvenido a la ciudad con los medios de comunicación más locos del país". El hombre me estrechó la mano y esbozó una media sonrisa, en mitad del vaivén de ser trasladado de un punto a otro de entrevista en entrevista. Y es que va a ser fundamental la relación de Emery con los medios valencianos: hemos tenido en los últimos años demasiados ejemplos de polarización (quiquistas contra carbonistas, anti-koeman y... bueno, más anti-koeman) debido a que los entrenadores no han sabido "manejar" al entorno mediático del Valencia CF. Espero que, con Unai, los periódicos, radios y televisiones se miren un poco el ombligo y pongan de su parte para lograr el bien del Valencia, y no el suyo propio.

viernes, 23 de mayo de 2008

Holanda, el país de las drogas blandas


Tengo un par de amigos que han visitado Holanda, Amsterdam concretamente, en más de una ocasión. Cuando regresan a casa su carácter es un poco más... "alegre", por decir algo. No es de extrañar, teniendo en cuenta que, durante su estancia en los Países Bajos consumen gran parte de su tiempo poniéndose hasta arriba de marihuana y "alucinando en colores".

Algo así debe de estar haciendo Ronald Koeman desde que le dieron la patada en Valencia. Porque es la única explicación plausible a la "rajada" que pegó el otro día en su país contra el club del que era entrenador hasta hace un mes: el hombre estará pasando sus días de coffee-shop en coffee-shop, comiendo pastel de maría y respirando humos que no le hacen ningún bien a su ya de por sí algo deteriorado cerebro. El otrora héroe barcelonista de Wembley se quedó más ancho que largo y le arreó a Joaquín, a los apartados e incluso a Voro, responsable de sacar las castañas del fuego en esta recta final de temporada.

Hace años, mi madre me decía que tomar drogas era perjudicial, que "te vuelves medio tonto" y que afectaba a tu percepción de la realidad. Ahora, los padres modernos pueden enseñar estas declaraciones a sus hijos adolescentes y ofrecerles un ejemplo práctico: "mira Pablito, si fumas porros acabarás diciendo tonterías como éstas". Pero, no obstante, hay otra explicación a la polémica, mucho más lógica que la anterior: símplemente, Koeman es así. Altivo, prepotente, chulo y muy desagradecido, negándose a afrontar esa realidad que dice que es el peor entrenador de la historia del Valencia CF. Los números están ahí. Las declaraciones del vestuario tras su marcha están ahí. Parece que el único que no se da cuenta de su incompetencia es él.

Yo no me escondo: dije desde el primer día que Koeman era una bacalá infame, y el tiempo lo ha demostrado con creces. Pero ni el más viejo del lugar podía esperar que el tipo tuviera la jeta tan dura de "rajar" tras su paso por Valencia. De criticar al club cuando el hombre ha "trincado" cerca de siete millones de euros por dejar al Valencia al borde del abismo de Segunda. Si en mi empresa ofreciera un rendimiento similar, me hubieran puesto de patitas en la calle a las primeras de cambio. Y, por supuesto, no habría visto un duro en finiquitos. Por eso los aficionados ches deberían indignarse, como mínimo, tras ver como este señor ha optado por la vía de la polémica y la prepotencia en lugar de cerrar el pico y contar los billetes que se ha llevado inmerecidamente de las arcas valencianistas.

Obviamente, los aludidos no iban a callarse: Joaquín contestó al ex-entrenador con una somanta de palos de similar envergadura (impagable esa frase de que "Koeman sólo se preocupaba de tener cinco o siete botellas de vino en la mesa"), Vicente siguió la misma línea y Voro, el apagafuegos, demostró tener mucha más clase que "RK el Terrible" y pasó de puntillas sobre el tema. Mientras, Ronald sigue en su país, pasando el rato en coffee-shops de dudosa reputación, recostado sobre cojines y presumiblemente dándole a la cachimba: sólo de este modo puede seguir en su mundo feliz, en su realidad alternativa donde él es un gran entrenador que, de no haber venido a nuestra ciudad, hubiera sido seleccionador holandés o entrenado al Barça. A veces, para algunas personas, es preferible refugiarse en ese mundo interior de auto-engaño que afrontar la cruda realidad.

jueves, 1 de mayo de 2008

Números rojos


Se acabó la tregua. Ha durado poco más de una semana. El ambiente del "Yes We Can" creado para el partido contra Osasuna ha volado en mil pedazos. Gracias, señor Salom. Gracias por su lengua larga, por su nula habilidad para las negociaciones, por su falta de discreción. Gracias por filtrar a los medios la desesperada situación económica del Valencia CF, y la predisposición a vender a las estrellas del equipo para poder costear la construcción del Nuevo Mestalla. En definitiva, gracias por conseguir que la unión del valencianismo, a tres días de un vital Barça-Valencia, vaya "per l'aire" una vez más.

Era de esperar, por otra parte, que alguna noticia de este calado acabara con la "paz" firmada tras la debacle de Bilbao, aunque el Valencia siga a 4 puntos del descenso. Después de todo, llevamos desde principios de temporada igual, con una detrás de otra. Quique, Koeman, los apartados, Soler, el juicio de Albelda, Koeman otra vez... y tiro porque me toca. Ahora es la economía del club la que ha saltado a la palestra, aunque a pocos sorprende la noticia. Desde que Soler llegó al Valencia, cada año ocurre lo mismo: los que vienen "trincan", los despedidos "trincan" y los que se van lo hacen malvendidos. ¿Ranieri? "Trincó" su finiquito como un bellaco. ¿Antonio López? Idem. ¿Koeman y Miguel Ángel Ruiz? Más de lo mismo. Y mientras, al Valencia le endosan "bluffs" del tamaño de Del Horno, Banega, Fernándes... casi siempre a 18 millones de euros el kilo.


Parecía claro que Soler no podía seguir dependiendo de las recalificaciones del Ayuntamiento y de sus amigos de Bancaja ("Tranqui, Juan, tu ficha que nosotros te damos 80 milloncillos por cada una de las torres") para confeccionar el Valencia de sus amores. El Nuevo Mestalla va a salir por un ojo de la cara, todos lo sabímos; pero muchos no podían sospechar que el agujero económico de los blanquinegros fuera tan ancho, ni tan profundo. ¿El resultado? Que los aficionados pueden ver en los próximos meses como Villa, Silva, Joaquín, Mata y demás jugadores jóvenes y que deberían ser la columna vertebral del equipo en el futuro abandonan el club de forma precipitada. Y posiblemente, malvendidos: en primero de Economía explican que lo peor que se puede hacer para "colocar" un producto es decir públicamente que está en venta, ya que su valor de mercado decrece. Pues nada, oye: dejemos que Salom siga filtrando para que Villa se vaya por 15 millones, Silva por doce... Lamentable.


Por suerte o por desgracia, los levantinistas ya han pasado un trago similar esta temporada. El matiz está en que los propios dirigentes levantinistas han sido los primeros en subirse al barco "SS Trinque", en el que permanecen a la espera de que cualquier grupo inversor incauto llegue para "endiñarle" la deuda y zarpar rumbo a las Islas Caimán con la bodega repleta de euros procedentes de comisiones, fichajes dudosos, recalificaciones y demás. Pero Villarroel y compañía se han topado con un problema: tanto el grupo de Antonio Blasco (que no quiere "mojarse" en exceso) con Gabriel Martínez como cabeza visible, como la vía de Alejandro Escribano, han puesto como condición indispensable conocer la verdadera deuda del club a día de hoy.

Obviamente, el susto puede ser mayúsculo: dicen los mentideros que la cifra poria rondar los 60 millones de euros de deuda, agujero más que suficente para ahuyentar a cualquier posible inversor. No es que haya telarañas en la caja fuerte levantinista: es que los inversores van a abrir la caja y van a encontrar un butrón en el lateral, de donde Don Pedro y amigos han ido "metiendo el cazo" en los últimos tiempos. "¿Dónde estarán los 50 millones obtenidos por la venta de la zona terciaria?" Preguntas como esta se repiten en la mente de los levantinistas, que hace apenas 5 años presumían de tener uno de los clubes más saneados de España y que ahora está al borde de la quiebra.

Por el momento, mientras el Murcia embarga la mitad de las fichas de los jugadores "granotas" para cobrarse el fichaje de Pedro León, Villarroel ya ha movido ficha: ha encargado la auditoría de las cuentas del club a un bufete de abogados valenciano donde, oh casualidad, trabaja su yerno. Un tanto más para el Tito Villarroel, que pretende escaquearse una vez más e irse de rositas. Igual que Soler, a quien ni siquiera sus amigos en la política y en el mundo de la construcción van a poder ayudar en la época de "vacas flacas" que se avecina.

Valencia y Levante. Gestiones paralelas pero diferenciadas, con diferentes presupuestos y objetivos deportivos pero que se entrecruzan en varios puntos: dirigentes nefastos, despilfarro monetario y la pasividad de una masa social que parece haber olvidado, gracias al "aborregamiento" al que los clubes les someten, que los verdaderos dueños de las entidades son ellos. Los aficionados tienen más poder de lo que piensan: si son capaces de "cargarse" entrenadores (ver Quique Flores o Koeman), también son capaces de ajusticiar a personajillos como Villarroel o Soler. Hombres que no ven el fútbol como un sentimiento, sino como una zona de recreo personal donde hacer y deshacer a su antojo, como niños pequeños. Ya va siendo hora de que la gente de la calle le quite la piruleta a estos señores, y les explique que en la vida no se puede gastar lo que no se tiene, ni coger aquello que no te pertenece. Y explicárselo, como niños pequeños que son, todas las veces que haga falta, y de todas las maneras posibles. Hasta que lo entiendan.

martes, 29 de abril de 2008

Porque la vida (sin Ronald) puede ser maravillosa


La tarde de domingo era soleada. Domingo de fiesta en Valencia, casi fallero por el ambiente que se podía palpar en los alrededores de Mestalla. Desde las once se preparaba, entre la expectación general, una gigantesca paella de la que más de 1.000 seguidores pudieron comer a mediodía. La gente sonreía, animaba, cantaba, ataviados todos con bufandas, gorros, pelucas y camisetas naranjas. El día era perfecto. Y a las siete de la tarde la jornada concluyó de la mejor forma posible: ganando a Osasuna, y ganando bien.

Hace siete días, el clima era diametralmente opuesto. Negros nubarrones se cernían sobre una afición, la valencianista, harta de todo. Harta de sufrir, de ser humillada por equipos de medio pelo como el Bilbao. La explicación a este cambio radical es bien sencilla, tanto que se puede resumir en un nombre: Ronald Koeman. Con él se han ido los problemas, el mal rollo, la apatía del equipo y los partiditos de "fut-voley". Y con la llegada de aires renovados al banquillo che, con Voro como principal cabeza visible, han regresado cosas que creíamos perdidas. La jugadas de estrategia. El apoyo incondicional de la afición. Los tres apartados, dos de los cuales (Cañete y Angulo) fueron ovacionados por Mestalla.

No puedo expresar la felicidad que me embarga de saber que se ha hecho justicia. Porque era de cajón: mantener a Koeman con el balance liguero del holandés era cosa de locos. Y me llena de tranquilidad ver a mis amigos valencianistas respirar aliviados sin tener el aliento del descenso en el cogote. Desde el primer día sostuve que Koeman era una bacalá infame. Un técnico con mucho nombre, pero con poca "chicha" a nivel táctico y psicológico. Incapaz de motivar al vestuario, su papel de "sargento de hierro" le salió "rana" y consiguió fraccionar a un vestuario que ya de por sí no era el más fraternal de Primera. Ahora, sin el ogro en el banquillo, los jugadores no se sienten oprimidos. Y, aunque el partido no fue para tirar cohetes... volvieron a jugar al fútbol como saben. Como en la final de la Copa.

No podemos valorar un partido que, todo sea dicho, el amigo Ontanaya nos regaló al señalar ese penalti sobre Villa y expulsar a Ricardo. Pero, en la segunda mitad, cuando Osasuna apretaba pero no ahogaba, volvimos a ver al Valencia de siempre. El de toda la vida. Jugada a balón parado, y gol. Contraataque, y gol. Tres a cero. Y todo el mundo contento (claro, menos los pamploneses). Falta ganar un partidito de los cuatro que quedan. La vida vuelve a ser maravillosa. Y que dure.

martes, 22 de abril de 2008

Koeman y Miguel Ángel Ruiz, "per l'aire"


Ni siquiera para "katanear" a un entrenador el Valencia CF deja de hacer el ridículo. Ya hablé ayer de Koeman, de su nefasta trayectoria en Liga como técnico valencianista, de su nulo sentido de la vergüenza y de que la decisión de "fumárselo" estaba ya tomada de antemano. Hoy la capital del Turia amanecía triste, con muchos aficionados que seguro ayer no pegaron ojo tras la goleada encajada en Bilbao. Todo lo contrario que hace cuatro días, cuando los motivos para trasnochar eran de pura alegría tras celebrar la séptima Copa del club.

Hoy también amanecía cierto empresario de la construcción con sed de sangre. Juan Soler, tras bajar de la cama y calzarse sus pantuflas, seguramente habrá acudido con parsimonia a su armario empotrado. Allí, tras abrirlo, habrá tomado con mimo su katana japonesa. "Hoy te sacaré a pasear, guapa", le habrá dicho entre susurros el máximo accionista del Valencia. Un par de llamadas, y a las once de la mañana estaban en la sede del club el "cuarteto calavera": Salom, Morera, Mª Jose Claramunt y Jesús Wollstein. Y allí se han pasado la mayor parte del día, seguramente echando unos billares al tiempo que decidían sobre el futuro del Valencia CF.

En la sede del club, cercada por los compañeros de la prensa durante todo el día (gran trabajo, chicos), se han barajado los nombres de Óscar Fernández y Pellegrino como entrenadores del primer equipo. Pero algo ha debido de torcerse (seguramente relacionado con el "affaire" Albelda-Cañizares-Angulo), y por la tarde todas las quinielas apuntaban a Salvador González Marco "Voro", el hasta ahora delegado del equipo, como máximo responsable de la plantilla.



Mientras Voro recibía la llamada de Morera, Ronald Koeman aparecía por la sede del club de la manita de su abogado, para que "le enseñaran la pasta". Tras varios tiras y aflojas, parece que el holandés ha "perdonado" el dinero que debería percibir por la segunda temporada (unos 3 millones de euros, cifra aún sin confirmar), aunque tras su paso por Valencia, haría falta tener poca vergüenza para encima exigir que le pagaran el contrato íntegro... Eso sí, el comunicado con el que se despide el entrenador más infame que ha pasado por la capital del Turia tampoco tiene desperdicio: se va "rajando", y dice que en el VCF ha "ganado una experiencia, pero perdido una ilusión". Sí, tú y los 55.000 que llenan Mestalla cada quince días y salen de allí cabreados. Hace falta tener la cara dura, macho.

Otro que también ha ido "per l'aire" ha sido el hombre, el mito, Miguel Ángel Ruiz. Digo que es mítico porque su papel en la entidad ha sido de cuento, de fábula, de esas leyendas que le cuentan a los niños por la noche: según narran los viejos, había una época en la que Miguel Ángel Ruiz decidía los fichajes y la planificación deportiva del equipo. Pero un buen día llegó un holandés rubio y de buen comer que le quitó todo su poder: desde entonces, M.A.R. vagaba por el club sin ningún cometido ni trabajo concreto. Hoy Soler ha puesto fín a su miseria: Ruiz se lleva su buen dinerito a su casa, acompañado del secretario técnico Antonio Fernández (uno de los mayores "trincadores" que han pasado por el VCF).

Cinco cabezas han rodado esta noche. Koeman, Bakero (muchos argumentan que éste era el verdadero cerebro del tándem holandés-vasco), Tony Bruins (sigue en el aire la pregunta: ¿qué pintaba este buen hombre en el VCF?), Ruiz y Fernández. La sangre ensucia el suelo de un color rojo que, admitámoslo, "hace feo". Ahora es momento de que Voro saque el mocho, y Juan Sánchez (nuevo secretario técnico del club) el cubo con escurridor. Habrá que frotar con fuerza para que no quede rastro alguno de una de las etapas más negras en la historia del valencianismo. Quedan cinco finales, la primera de ellas este fín de semana ante Osasuna. La afición ya se ha movilizado para darle al equipo todo su aliento. La pregunta es si Voro podrá lidiar con un vestuario desmembrado y en el que cada uno va "a su bola". Mi instinto me dice que sí. Total, ganar dos partidos no debe ser tan difícil, ¿no?

Epílogo. El empresario de la construcción cerró la puerta tras él. En la oscuridad del dormitorio, sus ropas negras le ayudaban a fundirse entre las sombras. Tras encender una pequeña lámpara de noche, desenvainó su katana: el filo aún presentaba gotas de sangre color carmesí. Soler lamió con cuidado su arma fetiche: la sangre sabía a Tulipán. Tras sacar un paño blanco de su cómoda, limpió con cuidado su espada, volvió a envainarla y la guardó en su armario. "Ojalá no te tenga que volver a usar", le dijo con cariño. Pero, en su interior... deseaba con todas sus fuerzas que, dentro de un tiempo, las cabezas volvieran a rodar. Porque, inconscientemente, sabía que mientras el ruido de los sablazos distrajera a los aficionados... él estaría a salvo.

lunes, 21 de abril de 2008

A Quique lo tiraron por menos que esto...


Fín del trayecto, Ronald. Se acabó. "Finito". "Bye, bye". 18 de 66 puntos posibles. Lamentable.

El Valencia ayer dio vergüenza sobre el césped de San Mamés. Dio vergüenza por hacer un partido infame, timorato y espeso ante unos "leones" que iban, Caparrós mediante, como verdaderos aviones. Vergüenza porque Koeman pasó más de ochenta minutos refugiado en su banquillo, sin querer mirar el partido. Igual que el condenado a la silla eléctrica que se acurruca en un rincón oscuro de su celda, mientras escucha los pasos en el corredor de la muerte del carcelario que le acompañará en su último viaje. El entrenador valencianista es ahora mismo un cadáver que respira, un técnico que hace tiempo que murió deportivamente y cuyo entierro parece inminente.

Cinco chicharros le cayeron a los ches en Bilbao. Mora estuvo nefasto, infame, con su guitarra tocando "cantaditas" en tres de los goles bilbaínos. La defensa estuvo de traca, especialmente un Raúl Albiol que fue un gigante el miércoles en la final de Copa pero que ayer no tuvo su día. Por cierto, el de Villamarxant era uno de los jugadores más afectados a la conclusión del partido: cosas de ser un valencianista de corazón. El resto del equipo, más de lo mismo: apatía, desgana, falta de concentración y nula capacidad de reacción. Todas ellas facetas que el entrenador debe mejorar y trabajar, y que en el caso de Koeman han pasado a segundo plano desde el mes de noviembre. Total, para qué entrenar la estrategia y la psicología del vestuario cuando puedes hacer ronditos en Paterna, ¿verdad?

Otra de las imágenes lamentables se vio cuando a Koeman le entró la risa tras encajar el 2 a 0. Curioso: a Juan Soler le ocurrió lo mismo tras "palmar" en la primera vuelta, por 0-3, ante el propio Athletic de Bilbao en Mestalla. Todos sabemos lo que pasó después. Incluido Koeman. Es sabido que Salom ha querido "cepillarse" al holandés tras el partido de Murcia, hace quince días. Primero, se le dio de margen hasta el partido frente al Racing: derrota. Luego, hasta la Copa: victoria, pero "Koeman vete ya" por parte de la afición valencianista desplazada a Madrid. Y, por último, hasta el partido de ayer. Y la imagen fue patética, impropia de un equipo que acaba de ganar la Copa del Rey.

La "desición" (echaremos de menos tus patadas al diccionario, Ronald) ya está tomada. La destitución es inminente. Porque parece que, por fín, Soler ha entrado en razón: después de todo, siempre será más barato pagarle seis millones de euros al holandés por despedirle que tener que renunciar a un equipo de primer nivel debido a un descenso a Segunda. Hasta Soler "lo ha captado". Ya era hora, ché.

jueves, 17 de abril de 2008

Juan, ¡¿gracias por todo?!


Alucinante. Sólo puedo calificar de esta manera lo que véis en la imagen de arriba. Esta camiseta se repartió en la Plaza de Toros, en el "sarao" montado por Julio Insa. Mira que tengo amigos en Radiosport, muy buena gente, enormes profesionales de los medios. Pero me reservo mi opinión sobre este arrebato "solerista": che, vale que el VCF te patrocine el evento a través de Telefónica, y vale que por encima de todo defiendas al club y a su máximo accionista... pero lo de la camiseta es pasarse un poquito, ¿no? "No feia falta, Juliet", que diría aquel.

Polémicas aparte, lo más importante fue el resultado de la final: 3 a 1, y la séptima Copa "pa la saca". Un partido, además, ganado con solvencia, con brillo incluso, sacando a relucir las cualidades de ese Valencia rocoso y sólido atrás y demoledor al contragolpe. Fue el partido de Silva, por su preciso manejo del balón en los metros finales; de Mata, por su estado de gracia; de Alexis, por reivindicarse y hacer su mejor partido con la camiseta del VCF justo el día más importante del año; de Baraja y Marchena, cuya veteranía e intimidación pudo con el centro del campo azulón; y de Morientes, gran persona y todavía mejor jugador, que sigue con la ilusión del primer día tras haber ganado todos los títulos a nivel del clubes que un jugador pudiera desear.

Dentro de tres días, sin embargo, regresamos a la Tierra. A esa Liga que tantas decepciones está dando este año. Los blanquinegros visitan La Catedral... y parece que Ronald Koeman finalmente se sentará en el banquillo. Había fuertes rumores de que, con victoria o sin ella, Koeman sería fulminado en la reunión del Consejo del jueves. Pero, tras la alegría de la Copa (y la consiguiente "alegría" por las "copillas" de madrugada en alguna discoteca de Madrid), los directivos recapacitaron, anularon la reunión de ayer y van a mantener al holandés un poco más... al menos, hasta el domingo a las doce de la madrugada.

Volvemos de nuevo a la camiseta. Vale, el Valencia ha ganado un título... pero no gracias a Juan Soler, sino más bien "a pesar" de él. Una reflexión similar se podría aplicar a un Koeman en el que los jugadores hace tiempo que no confían, en quien Joaquín (menudo mosqueo llevaba el gaditano el miércoles por la noche tras no disputar ni un minuto de la final), Villa, Silva y otros futbolistas dejaron de creer hace tiempo. Al holandés se le recordará por dos cosas: por lograr que la Copa volviera a las vitrinas valencianistas nueve años después, y por ser el entrenador con peores números ligueros en la historia de la entidad. Ha llegado la hora de "katanearlo", antes de que la situación vaya a peor. Porque, no nos engañemos, el partido del miércoles lo ganaron los jugadores, no el entrenador. Si el Valencia vence el domingo al Athletic, el holandés dispondrá de siete días más de agonía. Si palmamos... "per l'aire".

miércoles, 16 de abril de 2008

Quedan menos de tres horas...


... para que el Valencia, por fín, arranque una sonrisa a sus aficionados. Para que el balón eche a rodar en el verde del Calderón, y todo lo malo que ha sucedido este año pase a un segundo plano. Para que los nombres de Albelda, Soler, Quique Sánchez Flores, Ronald Koeman... no sean para los sufridos valencianistas más que recordatorios de que mañana vuelve la realidad. Mañana, pero no hoy. Hoy es noche de Copa. En tres horas, el Valencia puede empezar a cimentar su séptimo trofeo copero.

En la radio tenemos los nervios a flor de piel. En la plaza de Toros, en los bares, en las casas... me imagino que todos los aficionados estarán igual de inquietos. Ansiosos de que empiece el encuentro, y de ver la versión "Dr. Jeckyll" del equipo, y no la nefasta cara negra de "Mr. Hyde". Pero, al final, no dependerá ni de los sufridores valencianistas, ni de Juan Soler, ni de Ronald Koeman lo que ocurra en la final de esta noche. Dependerá, como viene siendo habitual desde que el tulipán está al frente del banquillo, de los jugadores. Y por eso, sólamente por eso... soy optimista, che. "Avui guanyem". ¡Seguro!

martes, 15 de abril de 2008

Papá, ¿por qué somos del Valencia?


Salía el pasado sábado de Mestalla con la cabeza gacha, rumiando, pensando en lo que acababa de ver. A la salida, me topé con apenas cinco o seis aficionados que esperaban en la puerta por la que salen los jugadores del Valencia Clúb de Fútbol. Entre ellos pude ver a un padre cogiendo a su hijo de la mano: un chaval de apenas ocho o nueve años, que aguardaba impaciente con un bloc en su mano la salida de los jugadores, de sus ídolos, de sus héroes.

El niño seguro que había presenciado el choque en directo, pero no daba importancia al juego del equipo. A esas edades, la mística del fútbol consigue ocultar todo lo demás: el mal juego, los resultados negativos, el cabreo de la afición... Eso es lo que los aficionados tienen que soportar cada quince días en Mestalla. El sábado, ante el Rácing, el Valencia de Koeman volvió a decepcionar. Volvió a perder. Volvió una imagen lamentable, pese a la mala suerte de disparar al palo en dos ocasiones. Son ya sólamente 18 los puntos obtenidos de 63 disputados. Este equipo ya no gana ni haciendo trampas.

La paciencia del aficionado, no obstante, merece un especial reconocimiento. Las peñas habían acordado con los capitanes apoyar al equipo durante los noventa minutos. Y cumplieron su promesa: dieron aliento, se entregaron y se vinieron arriba con una fuerza inusitada tras el empate de Villa. Luego, el 1-2 de Tchité enmudeció por enésima vez a unas gradas que antaño no callaban nunca. El público esperó al minuto noventa, como había prometido. Y, en el tiempo de alargue, sacó los panuelos a pasear. Otra vez.

El niño de ocho años no vería nada de esto. Pero, ¿qué le diría a su padre el adolescente de 14 o 15 años que tuvo que soportar semejante disparate? El eslogan del Atlético de Madrid hace un par de años da la respuesta: "Papá, ¿por qué somos del Atleti?" Los aficionadas están padeciendo un calvario impropio de un club tan grande como el Valencia. Y en el epicentro del terremoto, un caradura de nombre Ronald y apellido Koeman que se resiste a dimitir. Que se aferra a su contrato como último recurso, y que pone por encima la "pasta" y su indemnización millonaria (¿quién fue el genio que le blindó el contrato en el mes de diciembre?) al bienestar de la plantilla y del club. Un tío cuyas "desiciones" no tienen ni pies ni cabeza, y que poco a poco se está "cepillando" a una plantilla que comenzaba el año con aspiraciones enormes y que ahora está al borde del descenso.

Faltan poco más de 24 horas para que el Valencia salve la temporada tras ganar la final de la Copa del Rey, o bien para que Koeman vaya "per l'aire". Porque no tendría sentido alguno mantener al holandés al frente del equipo si "palmamos" en el Calderón. Pueden entrenar Bakero, Pellegrino, Óscar Fernández o ese extraño elemento llamado Tony Bruins-Slot... pero hay que alejar a Koeman del banquillo a toda costa. Los jugadores no creen en él, la afición no le "traga" y los resultados son paupérrimos. Morera, ¿a qué esperas? O, mejor dicho: señor Soler, ¿a qué narices esperas? ¿A bajar a Segunda?

lunes, 7 de abril de 2008

La estafa sigue su curso


Me compadezco de aquellos aficionados valencianistas que estuvieran esta tarde en la Nueva Condomina. Lo siento de veras por ellos... y me alegro de veras por los miles de espectadores que no han podido seguir el encuentro por televisión debido al conflicto entre Mediapro y Audiovisual Sport. Amigos valencianistas, os habéis ahorrado doce euros. Os lo digo de verdad.

El partido frente al Murcia sólo es el último eslabón en esa serie de catastróficas desdichas que es la etapa de Ronald Koeman como técnico che. La visita de los Marchena, Baraja, Joaquín y demás a tierras murcianas se saldó de la forma más lógica en tan insigne paraje: el Valencia no jugó un pimiento. La primera parte fue una película de terror sobre el césped: un equipo perdido y desorientado, a merced de un Murcia cuyos jugadores no daban crédito a las facilidades ante las que se estaban encontrando. El "Torito" Aquino volvió loco a Miguel por la derecha, Iván Alonso hizo lo mismo con la pareja de centrales "de la selección", el mediocampo formado por Baraja y Banega naufragó sin remisión y Morientes parecía Tom Hanks en "Naúfrago". Con dos tonterías, el equipo dirigido por un Javi Clemente al borde de un ataque de nervios puso al Valencia contra las cuerdas: primero con el gol, que llegó tras un saque de falta desde 40 metros botado por Abel y que Alonso remató sin apenas oposición, y después con una gran jugada colectiva que acabó con un remate al travesaño del "Torito".

El descanso no cambió el panorama. Koeman parecía no darse cuenta de que estaba palmando frente al penúltimo de la Liga, y sus cambios fueron tan previsibles como que te vas a mojar si llueve: Edu por Banega, Zigic por Morientes y Arizmendi por Mata. Daba igual, porque el equipo seguía sumido en l mediocridad, pese a que dispuso de un tiro a bocajarro de Morientes y de un remate minutos después de Zigic al travesaño. A Clemente le bastó con asegurar la línea de contención y plantar el autobús en defensa para amarrar los puntos y darle una alegría a la afición pimentonera.

Y ahora, ¿qué? Dos palmatorias consecutivas han dado con los huesos del Valencia a seis puntitos de zona de descenso. Pero parece que el holandés errante no quiere darse cuenta del delicado estado del enfermo, y en la posterior rueda de prensa insistió en su discurso monótono de las últimas semanas: "El entrenador depende de los resultados". Vamos, si leemos un poco entre líneas: "Yo no voy a dimitir. Si me queréis tirar, enseñadme los seis millones de euros y me largo en menos que canta un tulipán". Terrible. ¿De quién fue la brillante idea de "blindar" al entrenador holandés, allá por el mes de diciembre, cuando sonaban cantos de sirena procedentes de Barcelona?

Este Valencia es un desastre. Estamos ante una situación peligrosamente similar a la que tuvo lugar hace cuatro años, en la que se pasa de tener un conjunto sólido, rocoso, contragolpeador y ganador (Benítez) a ver a un Valencia gris, apático, endeble defensivamente y sin actitud (Ranieri, Antonio López). La fortaleza defensiva y sistema definido que a Quique Flores tanto le costó conseguir ha ido "per l'aire" en cuanto Koeman ha cogido (más bien, le han entregado) las riendas del club.

El descenso acecha. Es una realidad. El Zaragoza, conjunto con mentalidad europea y presupuesto similar al valencianista, se encuentra en puestos que le abocarían a Segunda de terminar hoy la Liga. Y en Mestalla, dentro de seis días, se recibe al "Euro-Racing" de Marcelino. Actualmente, el Valencia no gana en Mestalla ni al truc... y eso que los rivales no tienen ni idea de cómo jugar a tan valenciano juego de cartas. ¿Qué ocurrirá si se pierde la semana que viene? ¿Será destituido Koeman a apenas tres días de toda una final de la Copa del Rey? Ocurra lo que ocurra, lo que hoy se ha confirmado es que de ninguna manera los rectores del Valencia deben permitir que el holandés siga la temporada que viene. Koeman ha resultado ser una estafa, un engaño de entrenador que presenta los peores números de la historia del Valencia CF (18 puntos de 60 posibles... y cada vez peor). Sólo queda tratar de adivinar cuantos partidos le quedan como entrenador che. Por el bien del club, esperemos que sean pocos.

sábado, 5 de abril de 2008

La manipulación de los medios

Puede que resulte chocante esta afirmación, más aún teniendo en cuenta mi pertenencia a dichos medios de comunicación. Las medias verdades, sesgos y directamente mentiras en televisiones, radios y periódicos son mucho más habituales de lo que el público piensa. Hace unos años, antes de entrar a la facultad, hubiera negado la cabeza ante tal afirmación; pero, tras escuchar las largas pláticas de los profesores de la universidad, hablando de "ética", "deontología", "moral periodística", "objetividad" y todas esas cosas; y luego ver el "mundo real"... de veras, me entra la risa floja.


El caso es que los intereses, en el mundo del fútbol, últimamente van que vuelan. Un ejemplo práctico para todas aquellas almas cándidas que no se crean lo que les digo: el Valencia CF. Como muchos habréis podido ver, los jugadores portan en sus camisetas el logo de Canal Nou y de RTVV. Esto es consecuencia directa del convenio firmado entre el ente autonómico y el Valencia, por el cual el club presidido en estos momentos por Agustín Morera percibe anualmente 30 millones de euros procedentes de RTVV. Lógicamente, Canal 9 y Radio Nou pueden considerarse los medios "oficiales" del club, vías para amplificar los éxitos... y sepultar bajo toneladas de desinformación las noticias que no interesan cuando las cosas van mal.


Pues bien, despues de que el Barça fuera "per l'aire" el pasado jueves 20 de marzo, la gente se echó a las calles, inundó la Avenida de Suecia y festejó la clasificación para la final de Copa con cánticos. Unos cánticos que en su mayoría estuvieron dedicados a los jugadores, que salieron al balcón exterior para festejar el éxito. No obstante, al día siguiente en Canal Nou las imágenes fueron subtituladas con los lemas "Koeman, quedate", información de la que se hicieron eco otros medios de comunicación. La sensación general era que la afición aclamaba al entrenador valencianista.


Hasta aquí, todo claro. El problema es que dichos cánticos no tuvieron lugar. Me explico: yo estuve en la Avenida de Suecia, en conexión con la retransmisión del partido en directo para LP Punto Radio, y me metí en pleno "follón". En medio de la fiesta, vamos. Y juro y perjuro que en ningún momento NADIE dijo eso de "Koeman, quedate". Abajo tenéis un vídeo, grabado por servidor, que lo atestigua:




Por si el vídeo anterior no es suficiente, aquí va otro que he encontrado buceando un poco por Youtube:




"Puta Antena 3". Señores de RTVV (con intereses en el Valencia), señores de Marca (con intereses en el grupo Antena 3), un poquito de oído fino no vendría mal antes de redactar un bulo como noticia verdadera. Más que nada, por que aquello que a lo mejor es un error humano de un redactor un poco "tapia" puede convertirse, para algunos malpensados, en un intento de manipulación informativa. Luego los aficionados de España critican a los valencianistas con frases como ésta: "míralos, estos del Valencia no saben lo que quieren: el día de la Copa aclaman a Koeman y ahora piden que se vaya". No, señores: la gente no idolatraba a Koeman el día 20, igual que no quería que se quedara tras el partido ante el Madrid, e igual que ahora piden su cabeza en una pica tras la "bacalá" del pasado domingo frente al Mallorca.


¿Escalofriante, verdad? Pues que sepas, astuto lector, que estas medias verdades en los medios tienen lugar a menudo. De hecho, mucho más a menudo de lo que la gente cree. Por ello es tu labor, como ciudadano del siglo XXI, echar mano de Internet y contrastar las informaciones de vez en cuando... ya que aquellos que las redactan no tienen la poca vergüenza ni ética periodística de hacerlo por ellos mismos. Para llorar.

miércoles, 2 de abril de 2008

Engaño a la holandesa

Puede que parezca el título de una comedia, pero por desgracia para el valencianismo esto no es así. Tras aquel nefasto 1 a 5 frente al Madrid en Mestalla, allá por la jornada 10, y la victoria lograda en el siguiente choque disputado en Son Moix, Ronald Koeman tomaba las riendas de un proyecto que parecía haber perdido su identidad. Después de que Quique fuera "per l'aire" y que Óscar Fernández cumpliera la papeleta transitoria con dignidad, el entrenador tulipán llegaba a la capital del Turia con la vitola de técnico "mediático", curtido en mil batallas como futbolista y con fama de sargento de hierro. Una vuelta después, podemos ya decirlo con todas las de la ley: "Es la hora de las tortas". Bacalá. "Engañifa". "Bluff". Dadle el adjetivo calificativo que más os apetezca, pero una cosa está clara: Koeman es un engaño.

Los números no mienten. 18 puntos de 57 disputados. Sólamente dos triunfos como local en diez partidos disputados en Mestalla, ante rivales de "indudable potencial futbolístico" como son Betis ó Real Murcia. Unas cifras de goles en contra verdaderamente escalofriantes: veintisiete goles encajados por una de las defensas más sólidas del campeonato hasta hace unos meses, y tan sólo 17 goles a favor. Eliminación lamentable y patética de la Liga de Campeones, con "palmadas" tan sonadas como el 0-2 frente al Rosenborg (otro equipo de la élite del panorama futbolístico mundial) o los dos empates a nada cosechados frente a Schalke y Chelsea, con la posibilidad de jugar la UEFA al alcance de la mano. Sólo en la Copa se mantienen números decentes, competición donde el camino ha sido relativamente sencillo (eliminatorias frente a Real Unión, Betis y un Atlético de Madrid que atravesaba su ya típica crisis de principios de año) hasta el duelo a doble partido frente al Barça, en el que el conjunto de Rikjaard dio verdadera lástima.

Del juego mejor no hablamos. "Roko" llegó a Valencia en plan predicador, gritando a los cuatro vientos las excelencias del 4-3-3 que usaba Cruyff en su Dream Team. Sólo hay un problema, Ronald: que ni tú eres Johann Cruyff, ni tienes bajo tus órdenes al Dream Team del nuevo siglo. Tras acumular varias palmadas en su cuenta, el tulipán varió ligeramente su dibujo: un 4-2-3-1 con Villa como único punta nato y con Silva actuando como enganche. Ni por esas, oiga: como se pudo ver frente al Mallorca, al Valencia lo hacen trizas al contragolpe debido a la debilidad de una medular formada por un "tronco" holandés de 23 años y que aún está bastante "verde" (hablo de Maduro, por supuesto), y un mediocentro cuyos años dorados ya pasaron hace tiempo (Baraja). Total, que para ver resultados, resultados de verdad, ha hecho falta que Koeman regresara "a casa", al clásico 4-4-2 de robo y contragolpe que le dio la victoria la semana pasada ante Barcelona y Real Madrid. Qué curioso: el clásico 4-4-2... utilizado por Quique. Y por Benítez. Y por Cúper. Véis por donde voy, ¿no? Si a esto le sumamos las "brillantes" ideas de colocar a Joaquín por la izquierda, a Silva por la derecha, a Arizmendi de lateral diestro, a Caneira de central... Hijo, sólo te falta poner a Mora de delantero centro.

Hablemos del vestuario. Tras la derrota por cero goles a tres frente al Barça en Mestalla, Koeman se "cepilló" de un plumazo a Albelda, Cañizares y Angulo. Unos dicen que por filtrar noticias a la prensa. Otros, que las cabezas de estos tres símbolos rodaron debido a que le hacían la cama descaradamente al holandés. Alguno incluso apuesta por una teoría de la conspiración que pone a Juan Soler como cabeza pensante de la "desición" y a Koeman como mero brazo ejecutor. Sea lo que sea, al final el resultado fue el mismo: un desgaste enorme de la imagen de la entidad y del entrenador, sobretodo a ojos de un sector importante de la afición. Aún estan en nuestras retinas las lágrimas de Albelda el día de su rueda de prensa de despedida, o la infame imagen de Soler y el jugador en los tribunales. Amigo Ronald, te doy un consejo: es muy mala idea "cargarte" a tres de los tíos más respetados de un vestuario y luego pretender que el resto de jugadores ponga el 100% sobre el césped. "Total, en verano mi cabeza será la siguiente", pensará más de uno. Así no se motiva a un vestuario, por mucho que digas que tu labor "no es ser un psicólogo para los jugadores" y que "ellos deben motivarse sólos". Relegando al banquillo a Joaquín, el jugador que ha tirado del equipo en la mayor parte de la temporada, no conseguirás motivarle. Y, desde luego, no esperes que cuando lo saques en el minuto 80 te resuelva el partido en dos jugadas.

¿Y qué hay de la relación de Koeman con la prensa? Decisiones como la de levantar de nuevo el "muro de la vergüenza" en Paterna, aislando a prensa y aficionados valencianistas de los jugadores, han levantado ampollas en más de un sector. Tampoco mola, amigo Ronald, que encares cada comparecencia de prensa como si fuera una guerra abierta entre tú y los medios de comunicación. Medios que, en algunos casos, han sido formales y te han concedido el beneficio de la duda hasta hace apenas un par de semanas. Sin embargo, muchos periódicos, radios y televisiones empiezan a notar que algo huele a podrido en el banquillo del Valencia. Y tus declaraciones altivas y prepotentes, tu chulería, tus frases célebres ("yo he ganado más títulos que todos los que hay en el vestuario")... todo eso no te hace ningún favor. En absoluto.

Las estadísticas negativas, el juego nefasto, un vestuario que parece un polvorín, una guerra sin cuartel contra la prensa... Todo eso daría igual si, al menos, le cayeras bien a la gente. Pero, oh casualidad, el valencianismo ya ha dictado sentencia respecto a tu figura. ¿Recuerdas la pregunta del ninot? Bien: Ronald, ahora mismo tú eres ese ninot... y el valencanismo espera con la antorcha encendida. El único indulto posible es ganar la Copa del Rey y, francamente y tras desmenuzar el juego practicado por el Valencia en las últimas fechas, veo ganar al Getafe de Laudrup como una quimera. Laudrup, ex-jugador al igual que tú, pero que ha sabido adaptarse: adaptarse a los jugadores que le dieron y exprimirlos al máximo; adaptarse a un club modesto y ser el primero en arrimar el hombro; adaptarse a la prensa, a la afición española y a todo aquello necesario para triunfar donde tú estás naufragando irremisiblemente. La actitud de sargento de hierro, de rebelde, de "aquí mando yo" no suele ser bien vista por la gente. A Capello, tras saciar el hambre de títulos del Madrid, le dieron puerta por practicar un juego barraquero. A Quique (sí, ese entrenador que te dejó la "nevera llena" con 21 puntos en nueve jornadas) se lo fumaron por su juego "amarrete" y por caerle mal a un sector de la afición valencianista. No creas que tú eres especial ni diferente a los demás: creeme, "anirás per l'aire". Aunque ganes la Copa. La única duda radica en saber si demostrarás, por primera vez desde que llegaste aquí, ser un hombre de verdad y dimitirás por tu cuenta; o harás "la de Ranieri" y medirás tu profesionalidad con billetes de euro a mansalva.

Por desgracia para el Valencia (y su maltrecha economía), todos sabemos la respuesta.