Parece que fue ayer cuando abríamos la puerta de Blogspot y descubríamos un piso vacío, blanco, esperando ver ocupados todos sus rincones. Pero no fue precisamente ayer: cinco años han pasado desde aquel artículo fundacional.
Desde entonces, mi existencia ha dado tumbos y vuelcos, giros y más giros hasta estabilizarse en una rutina que, hasta hace casi un mes, se había convertido en toda mi vida. Y, cincuenta mil visitas después, ha llegado el momento de seguir creciendo. Y para ello, no había nada que me hiciese más ilusión que utilizar el nombre de papá, su apodo, "heredado" desde hace un tiempo, para poner en marcha la nueva web en la que escribiremos y reflexionaremos, denunciaremos y alabaremos, sufriremos y, sobre todo, viviremos.
Casi medio año sin escribir nada por estos lares. Seis meses que han dado para mucho en lo profesional, con cambios importantes en muchos sentidos y una sensación algo angustiosa: que, independientemente de lo duro que trabajes, este santo país se va a tomar por culo. Aquí y aquí unos bonitos ejemplos de mis motivos para ser pesimista.
ACTUALIZADO 15/11/2011 23:50. Y rebusqué en cajas antiguas. Y encontré un tesoro. Y valió la pena ir con prisas y agobios para poder juntar estos sonidos. Así hemos cerrado hoy el programa. Un placer hablar contigo, como siempre.
No tengo apenas recuerdos de aquellas últimas semanas de 2006.
Cuando alguien se va, el carrusel de emociones es tan salvaje que no te da tiempo a asimilar lo que está ocurriendo. 15 de noviembre. De ahí en adelante, no era raro sentir que el cuerpo flotaba. Que te veías a tí mismo, a tu familia, como los personajes de una serie de televisión, a vista de pájaro, desde las alturas. Por aquel entonces no sabía bien qué sería de mi, de mi hermano, de mi madre, de nadie. La pérdida de un ser querido tiene estas cosas.
Un lustro después, todo ha cambiado. Para mejor. Cinco años que pasan velozmente, casi sin darte cuenta. En los que, la fuerza obliga, acabas madurando más rápido de lo habitual. Lo que en esas últimas semanas de 2006 parecía irrreparable, ha acabado reparándose. Te sobrepones. Creces. Evolucionas.
Pero sin olvidar jamás quién te ayudó a llegar allí. Y en eso mi padre tuvo mucho que ver.
La frenética actividad laboral de las últimas semanas ha provocado que no pueda preparar algún detalle con el tiempo suficiente. Hoy martes, además, hay partido de baloncesto y por la tarde me será imposible acudir a la misa en su honor. Lo único que le puedo ofrecer, más allá de acordarme de él cada mañana, es esforzarme en cada momento porque el apodo que él ayudó a engrandecer con tantos años de trabajo en el restaurante siga suponiendo una fuente de buenos recuerdos para los míos.
Que "Polit", además de ser sinónimo de paellas, buen ambiente y camaradería en el mundo de la hostelería, pueda con el tiempo asociarse a términos como "honradez" o "buen rollo" en el micromundo de la prensa. Estamos en ello, papá. Estamos en ello.
PD. Rescato del baúl el homenaje de 2009, tal día como hoy. Escuchar su voz de nuevo, sesenta meses después de que nos dejase, es acojonante.
Y más, cuando no son despedidas completas. Cuando no dices "adiós", sino "hasta pronto". El sentimiento de vacío te invade igualmente, pero algo en tu interior te impide cortar los lazos adquiridos durante mucho tiempo. Con tus compañeros. Y con los oyentes.
Seguiré viendo a Molins y a Villena cada día. Seguirán trabajando en el mismo edificio. Pero ya no los veré en la redacción. "Los cuatro de Deportes" dejan de ser cuatro. Y, con el asterisco del basket (bendito asterisco que seguirá dando caña en el 92.3 de la FM), dejo de golpe y porrazo de vivir encerrado en estas cuatro paredes cada fín de semana.
Es el final de una era, una etapa de más de diez años en la que un equipo de casi un centenar de personas entre técnicos, narradores, directores, inalámbricos, becarios (para mi, "periodistas que empiezan") y muchos, muchísimos comentaristas, han hecho posible uno de los programas radiofónicos más arriesgados de la radio valenciana.
NADIE, repito, NADIE en la empresa privada puso tanto empeño sobre la mesa para emitir de manera constante durante tantos años los partidos de Valencia, Levante y Valencia Basket. El "sonido LP" se convirtió en un caso especial: nunca se arrastraron enormes masas (al menos, según Esa Gran Mentira del EGM), pero los muchos oyentes de esta última década siempre fueron extraordinariamente fieles. Leales hasta el final.
Por eso, esto es para vosotros. Por la gran cantidad de risas que dejamos atrás en cada retransmisión. Por el esfuerzo conjunto de Kike, Molins, Villena, Puchades, Ciraolo, Gimeno, Daniel Vilar, Gómez, Furió, López... Porque las apreturas actuales nos hacen poner el punto y aparte en nuestra historia los fines de semanas. Pero "quien sabe si, en esta carretera de la vida, dentro de nada, os encontráis con que, en una parada, ponéis el dial y estamos ahí otra vez".
21:06 horas de hoy: "Paquito, vente para el bar, que quiero enseñarte un pequeño homenaje que hemos hecho para tu padre"...
Y al entrar al Restaurante Hermanos Barberá (Avda. Los Naranjos, 37), me encuentro con esto... Sin palabras. No ha sido un miércoles demasiado bueno, porque llevo ya unos días con cansancio acumulado y tal. Pero cosas como esta me quitan el cansancio y me dan bríos para, por lo menos, un par de meses más. Ojalá todos los "pequeños homenajes" fueran igual.
PD. En la foto, servidor acompañado de Tonetti Barberá, un fenómeno. En la pared, una foto que se hizo hace casi veinte años, con mi padre y Manolo Barberá en un partido amistoso entre peñistas del Valencia y del Levante. Una foto para la historia.
PD2.Recomiendo encarecidamente que, si alguna vez os pasáis por la zona de la Malvarrosa, camino a la playa o lo que sea... os paréis un ratito en este local. Buen rollo, una decoración espectacular (vinilo en las paredes con imágenes históricas del Valencia, de monumentos de nuestra ciudad, etc) y dos especialidades recomendadas: el pescado (fresco, fresco) y unas brochetas de carne capaces de "tumbar" al mejor comilón. Los Naranjos número 37, ¡apuntad!
Como viene ocurriendo en los últimos años sobre estas fechas, son días algo más solitarios de lo habitual. Porque pese a que ya han pasado tres años, 36 meses en los que mi vida ha dado giros de 180 grados en varias ocasiones... Se te sigue echando de menos.
Ojalá dentro de diez, quince o veinte, pueda seguir acordándome con tanta claridad de aquellos últimos meses a caballo entre el bar y el hospital. Ojalá dentro de diez, quince o veinte, esta voz siga sonandome tan familiar como hoy cuando he cerrado el programa. Ojalá dentro de diez, quince o veinte años, siga pensando en todas las cosas que nos hemos perdido.
Porque eso será que, incluso dentro de diez, quince o veinte años... me sigo acordando de tí.
Un clásico ejemplo de cómo la Ley de Murphy se cumple SIEMPRE: apenas una semana después de poner en marcha la Porra de elValencianista.com, con las exclusivas camisetas estampadas con el logo de la web como premio... los "jefes" deciden lavarle la cara a la web, logo incluído, tras catorce meses manteniendo el mismo diseño. No es una queja, sólo se trata de una observación... ¡Canastos, malditas casualidades!
El caso es que ahora casi no reconozco la página web que, noticia a noticia (una detrás de otra hasta alcanzar los casi 2.000 "bolos"), he ido manteniendo a lo largo de este año y pico. Más agilidad, más funcionalidades, más posibilidades, más opciones... y, Dios mío, espero que más lectores. No me puedo quejar de los internáutas, son geniales, pero a veces me gustaría que hubiese una mayor cantidad de aficionados que participasen de forma activa en el día a día de elValencianista.com
PD. En Nueva Orleans se han cansado de la irregularidad del equipo y se han "cepillado" a Byron Scott como entrenador de los Hornets. Si nuestro inicio de temporada, con un 3-6 patético, ya me olía a chamusquina... ahora la cosa se ha convertido en un incendio de difícil extinción. Okafor es un buen jugador, pero Chandler aportaba más cosas. Paul, a lo suyo: ser el mejor en todo, y al final no ganar apenas partidos. Otra temporada al traste...
Las últimas semanas vienen con noticias que me hacen bullir la sangre. Me pasa con pocas cosas. Creo que en marcha hay una trama de corrupción y tal. Me la suda. En fútbol, Valencia y Levante tienen cada uno su ración de dificultades. Me da igual. Pero con dos casos concretos, a servidor se le tensan los músculos y le entran ganas de golpear algún objeto inanimado. Los casos de Marta del Castillo y Rihanna, tan separados entre sí, y a la vez con nexos en común.
Sobre el asesinato de la niña (porque lo era, legalmente, hasta cumplir los 18), prefiero no pronunciarme. Sólo digo una cosa: espero que Big Leroy haga bien su trabajo con sus asesinos (si no conoces la historia de Big Leroy, pincha aquí). Espero que en la carcel sevillana donde esos hijos de puta den con sus huesos, decenas de "Big Leroys" les hagan ver las estrellas y no les den descanso a sus almorranas. Que no se puedan sentar en AÑOS. Que cuando se les caiga el jabón en las duchas, prefieran lavarse sólo con agua.
En este caso, hablamos de presuntos asesinos. En el caso de Rihanna, la cosa está aún más diáfana: Chris Brown le dejó la cara hecha un mapa. Por desgracia, he tenido que vivir un par de veces casos de gente próxima a mí tener que pasar por un trance parecido. Maltratadores, chusma que atiza y veja a su pareja, a su "chica", sin el menor sentido de la culpa. Gente valiente por naturaleza, como se puede apreciar en la imagen.
Y estas cosas me vuelven loco. Cosas de la educación que cada cuál recibe, supongo. Recuerdo cuando era pequeño ir de la mano de mi padre en dirección al cine. Mi hermano pequeño andaba agarrado de la otra. Papá caminaba con nosotros hacia el centro comercial El Saler, cuando ya era noche cerrada. Mientras mi mente infantil pensaba en cosas de críos, vimos a una pareja discutir acaloradamente. Mi padre, en lugar de apretar el paso, lo fue ralentizando. A los pocos segundos, el hombre, el macho, el valiente, le cruzó la cara a su pareja de una tremenda bofetada, mandándola al suelo. Hubo un momento de silencio, con todo a mi alrededor en pausa. Mi padre nos dejó de pie junto a unos arbustos, al lado de las escaleras y a unos quince metros del sujeto. "Ahora vuelvo", dijo.
Efectivamente, enseguida regresó. Pero no sin antes recriminarle al hombre su acto. Recuerdo la frase de papá: "¿Tú de qué vas? ¿Quieres que llame a la policía?" Fue diez segundos antes de que el hombre se encarase con mi padre, y amenazase con "rajarlo" con un "pincho". Fue once segundos antes de que mi padre le diese una hostia al interfecto que lo mandó a tres metros, por encima de un pequeño seto y completamente KO. Papá se acercó, nos agarró a cada uno de una mano y entramos al centro comercial. La peli estuvo chula. Nadie dijo nada, porque éramos muy pequeños... y porque no había nada que decir. Ni que objetar.
Por supuesto, no quiero decir que esta actitud típica del Will Munny de "Sin Perdón" sea la correcta. Pero, en ocasiones, el ojo-por-ojo es la única medicina para gentuza como esta. Eso, y la cárcel. Prisión en la que deberían acabar los asesinos de Marta. Prisión en la que debería ir a parar Chris Brown. Y centro penitenciaro en el que debería haber un Big Leroy capaz de darle de su propia medicina a estos desgraciados... siempre por vía rectal, por supuesto.