
... porque la jornada ha sido intensa. Y lo que es peor: entre semana. Mañana profundizaré un poco más, pero hoy ha habido varios detalles a destacar.
- La "campaña anti-Soler". Esta mañana había carteles pegados en las oficinas de Soler, en casa de Rita Barberá y en las oficinas de Radioesport. Hablamos de un "ataque" organizado y preparado de antemano, por el cual ya han salido a la palestra los sospechosos habituales. ¿Habrá sido cosa de Vicente Soriano? ¿Aficionados indignados? ¿Otra maniobra de Morata y la SER? ¿Los extraterrestres? Por desgracia, no creo que la respuesta salga a la luz. "Una llastima, ché".
- Impresionante Mestalla. Si dejamos a un lado el partido frente al Barça en las semis de Copa, no recordaba un ambientazo tan espectacular desde aquellas eliminatorias de Champions frente al Leeds o al Arsenal. Sé que después ha habido muchos llenazos en cancha valencianista, pero nunca con una afición tan volcada, animando, chillando, pitando al rival, presionando al árbitro... Parecíamos Anfield, señores.
- Se ganó sufriendo... como siempre. El Valencia jugó bien, marcó pronto, hizo un derroche físico importante y dominó la primera mitad. La segunda fue bien distinta, y se sudó sangre para asegurar la permanencia. Ah, y Diogo lesionó a Vicente. Los tobillos, otra vez. El uruguayo no se dió cuenta hasta que ya era tarde, pero descubrió a las malas que no es una buena idea jugar sucio en casa de Baraja y Marchena, que lo "reventaron" poco después hasta tener que abandonar Valencia cojeando. Por listo.
- Volvió Albelda. Lo repito una vez más: nunca entenderé a los aficionados valencianistas que atacan a Albelda. Este señor tuvo un cheque en blanco del Madrid sobre la mesa, y prefirió quedarse aquí. Nadie puede negar su valencianismo. Y su denuncia al club está más que justificada, por mucho que el juez no le diera la razón: todos habríamos hecho lo mismo en su situación. Hoy pisó de nuevo Mestalla y hubo división de opiniones en la grada, con pitos y aplausos por igual. Los cinco minutos que jugó se dejó la piel defendiendo el resultado. Al final del choque se fundió en un abrazo con Marchena, y muchos compañeros se acercaron a abrazarse con él. Así debería de ser siempre. Todos a una.
- Protesta granota. Impactante la protesta de los jugadores del Levante, con los once abrazados y en el círculo central mientras el Depor ya había puesto el balón en movimiento. Sergio lanzó el balón fuera caballerosamente, el Levante lo devolvió y partido comenzó de verdad... pero la imagen, la reivindicación, ya estaba hecha. Estos jugadores no merecen unos dirigentes tan caraduras e incompetentes. Desde aquí nos solidarizamos: ¡SOLUCIÓN YA!
Ahora que caigo, ¿hoy es miércoles, no? Parece que, después de todo, no me voy a dormir: los Lakers juegan en una hora. Señor, señor...