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lunes, 25 de agosto de 2008

El maniquí del Zara


"¡Es que el portero ha puesto el pecho para pararla, en vez de las manos! ¡¿Pero esto que es?!" Ramón Aznar, exvicepresidente del VCF, en El Mirador Especial Supercopa de España.


Me decía esta mañana un amigo mío, muy valencianista, que lo de Timo Hildebrand ayer en el Santiago Bernabeu era "pa matarlo". Que en vez de un portero, parecía un maniquí del escaparate del Zara vestido de azul. Tras pararme a pensar un momento, he tenido que rebatirle. El inanimado maniquí hubiera detenido algún balón más.

Siendo justos, no habría que cargar las tintas exclusivamente en la nefasta actuación del Timo de la estampita. Mi limitado intelecto no alcanza aún a comprender cómo es posible hacer un ridículo de tamaña magnitud en tan sólo 45 minutos. A cualquier aficionado le enseñas el partido de ida y la primera mitad de ayer, y todos te contestarían del mismo modo: "Esto está hecho".

Puede que fuera eso lo que le sucedió a los jugadores. En la primera mitad, el Valencia había llevado a cabo su plan a la perfección. Gol de Silva, 0-1, Supercopa en el bote. Y para algarabía de los nuestros, a Van der Vaart se le fue la pinza (¿demasiado tiempo con su mujer, quizás?) y fue expulsado por roja directa tras una entrada de cadena perpetua sobre Mata. Así, los madridistas se iban al vestuario hundidos, derrotados, pitados por sus aficionados, sin ninguna posibilidad de ganar. Vamos, música para mis oídos.


Pero algo pasó. Los cables de los once valencianistas se cortocircuitaron durante el descanso. Hoy se puede leer en muchos sitios lo de siempre: "Remontada histórica", "Apoteosis en el Bernabeu", "Espíritu de Campeón" y miles de chorradas más en la prensa nacional. No obstante, creo mucho más acertados los análisis de Luis Furió en Las Provincias o del diario Superdeporte. El Valencia regaló la Supercopa. Punto pelota. Ningún equipo del mundo, NINGUNO, es capaz de meter tres goles jugando con dos jugadores menos a no ser que el rival se relaje y entregue la cuchara.

Timo Hildebrand no es portero para el Valencia, y punto. Cuando mañana llegue Renan Brito, va a alucinar pepinillos al ver la poca o nula competencia para hacerse con la titularidad. Emiliano Moretti, jugador con el que existe siempre buena sintonía y al que apenas se le ha criticado desde que está en el club, lleva dos partidos horrendos, sin tapar de forma efectiva la banda izquierda. Los centrales lo hicieron fatal. Joaquín ni siquiera "estuvo" en el Bernabeu, aunque en la alineación titular sí que estaba su nombre. ¿Pedirá un aumento la semana que viene?

Para acabar, Albelda y Baraja. Un cúmulo de despropósitos durante todo el partido, a Albelda no se le vio aparecer en ningún momento, y la línea de contención se resiente en exceso si el de La Pobla Llarga no hace su trabajo. Y el Pipo... no está. Lleva mucho tiempo sin estar. Hasta que no recupere el tono físico de la forma adecuada, es un lastre que arrastra a los compañeros que actúan en ataque. Precisamente, los que menos culpa tuvieron ayer: a Silva, Villa, Vicente y Morientes poco se les puede reprochar, ya que no les llegó ni un sólo balón en condiciones.

Esto es el Valencia, señores. Un equipo capaz de ilusionarnos un domingo, y reventar toda lógica una semana después con un partido infame que pasará a la historia negra del club. Con dos menos, el Madrid nos metió tres y se llevó la Supercopa. Un trofeo menor, pero que nos habría venido de perlas para reforzar la moral tras un par de años decepcionantes. Volvemos a las andadas. Unai, tienes faena para rato.

viernes, 8 de agosto de 2008

El Repre y la Tierra



Amigos, no estamos actuando de la forma correcta. ¿No se dan cuenta de que estamos poniendo en peligro una de las especies más hermosas y, al mismo tiempo, más salvajes que pueblan nuestros parajes hispanos? Tomen conciencia de la situación: esto no puede seguir así mucho más...

El verano los atrae. Huelen el dinero, la pasta, la "panoja"; escuchan agazapados, en silencio, el sonido de las monedas al caer. Luego, se arrastran de manera imperceptible por la hierba, atraviesan largas distancias a una velocidad inusitada. Empujados por el rugir de sus tripas y por el símbolo de Euro que les brilla en los ojos, cruzan el país... en dirección a Valencia.

Las diferentes especies de Repre salvaje no atienden a razones, ni se conforman con obtener un "no" por respuesta. Su apetito es voraz; su sed de comisiones, insaciable. Es de una hermosura casi poética observar su gracilidad al caminar por la acera; su pelaje, perfectamente engominado; y sus ropajes, caros y elegantes. Su sonrisa al entrar a las oficinas del Valencia es grande, enorme, en consonancia con sus altas pretensiones económicas. No están aquí para hacer amigos. Ni siquiera para hacer rehenes. Están aquí para "trincar" el mayor pedazo de carne posible. Y no existe persona, animal o planta en el universo capaz de interponerse en su camino...

Quizá sea la especie Tiranotamargus Sidrex la más letal de todas. Cada verano acude raudo a la sabana valenciana, con su dentadura inmaculada y sus bromas inocentes. El preludio termina cuando se sienta en la mesa a negociar... con su presa. Sus métodos son implacables; su porcentaje de aciertos, casi perfecto. En las últimas fechas, esta misma mañana incluso, se ha podido ver a este especímen pululando por los matorrales adyacentes a Pintor Monleón. Su carisma sólo es igualable a su implacable metodología. Se sabe que, tras obtener su premio, un par de copitas de El Gaitero le sirven para rebajar el empacho.

Curioso es el caso del Julioamedeus Rengelente, un tipo de Repre salvaje que se caracteriza por su bicefalia. De cerebro compartido, emplea una de sus cabezas para las negociaciones, y la otra para las comparecencias y declaraciones posteriores al baño de sangre. Sus víctimas no saben por donde les atacan, pero cuando quieren darse cuenta ya es tarde, y descubren que su cartera ha desparecido y que no les queda sangre en el cuerpo. Y aunque hace un par de días no pudo lograr el objetivo que se había propuesto, no tengan dudas de que acabará consiguiendo lo que quiere, sea aquí en Valencia... o en Barcelona. Una especie que, por simpática, no deja de ser carnívora y, por ende, muy peligrosa.

También debemos mencionar el caso del Garciafilonus Queaidelomius, atento siempre a los movimientos del resto de Repres salvajes para seguir su estela y poder atacar a presas ya debilitadas por las acometidas de sus compañeros de camada; y al Espejus Salerosa, que emplea artimañas y maniobras de distracción como chistes, frases ingeniosas y demás para introducir a sus víctimas en un estado de bienestar producido por la risa, más propicio para conseguir sus objetivos. No obstante, sus estrategias de caza parece que pierden efectividad en los últimos tiempos: sin duda, otra muestra más de la complicadísima existencia que llevan estos simpáticos seres.

En Valencia se están llevando a cabo ya los primeros pasos para la conservación de estas entrañables especies salvajes. Fernando Gómez de la Fuente, responsable del Bioparc VCF, trata a diario con estos animalitos, dándoles de comer si se portan bien o negándoles los aumentos de fichas si no cumplen sus promesas. Es responsabilidad de todos que una especie tan elegante, grácil, astuta e ingeniosa cual zorro de la pradera no desaparezca de los parajes patrios. Recuerden que la supervivencia del Repre salvaje depende de Ustedes, y de sus carteras. Ellos no lo harían... Bueno, quizás sí...

"Para que en las noches valencianas, se sigan escuchando... los hermosos... aullidos... del Repre..."

lunes, 19 de mayo de 2008

"No pienses que la niña te va a servir de excusa"


Todo había terminado. La Liga 2007-2008, una de las peores temporadas en la historia del Valencia, el annus horribilis ronaldkoemanis, el año que se ganó de nuevo la Copa del Rey... Todo había llegado a su fín.

Pero una vez más, ocurrió como en los prólogos de cada una de las historietas de Asterix. "Todo había terminado. ¿Todo? ¡No!" Porque un grupo de irreductibles ultras quisieron que el Valencia CF tuviera un final de fiesta acorde a lo que ha sido toda la temporada: lamentable. Fueron, un domingo más, aproximadamente unos treinta integrantes de la peña Yomus los que se encargaron de hacer que la salida de los jugadores de Mestalla fuera un auténtico infierno.

No hablo por segundas: puedo contarlo porque estuve allí. Como suele ser habitual, los ultras se ubicaron en la esquina de Mestalla que da a la Avenida de Suecia y al parking donde se sitúan los camiones y unidades móviles de las televisiones. Allí, increparon a los jugadores que iban saliendo del estadio en su coche particular: primero Marchena, luego Baraja... La tensión comenzó con Vicente Rodríguez, a quien insultaron de forma grave y amenazaron en varias ocasiones al tiempo que el jugador respondía a las diatribas a través de la ventanilla.

Mientras el revuelo tenía lugar, el padre de David Silva (miembro de la seguridad del Valencia CF) trataba de hablar con los cabecillas de los Yomus, instándoles a abandonar el lugar y dejar de armar jaleo. Segundos después, y mientras su padre seguía dialogando, salía el propio Silva en su coche. La piña humana de aficionados que buscaban un autógrafo le hizo aminorar la marcha, y un descerebrado aprovechó la coyuntura para golpear con la mano el Toyota del jugador. Este se detuvo en seco, y miró desafiante al agresor. Mala idea: diez ultras más comenzaron a aporrear el vehículo, más con la intención de amedrentar al conductor que de causar daños, aunque uno casi arranca de cuajo el retrovisor izquierdo. Finalmente Silva pudo escapar de la marabunta y salir a la carretera, mientras los Yomus reían y caminaban despreocupados por la calle ante la atenta mirada de la Policía.

Lo verdaderamente grave iba a ocurrir a continuación. De alguna forma, el hecho de que los jugadores salgan en coche evita enfrentamientos directos con los radicales. Sin embargo, mientras el paquete de Yomus se colocaba en la isleta sita en la Avenida de Suecia, justo enfrente del Monumento a la Afición, Ever Banega salía por la zona de autoridades "a pecho descubierto": vestido de calle, sin escolta y sin temor alguno. Iba acompañado de su padre y de otro argentino, camino a su coche aparcado a apenas cuarenta metros. No obstante, el tramo final del camino fue un suplicio para el jugador mientras los ultras le llamaban de todo: "¡borracho!", "¡pajero!", "¡que te hagan el control de alcoholemia, cabrón!" y otras lindezas por el estilo. Banega trató de mantener la calma, aunque en ocasiones respondía a las amenazas, sobretodo después de que le dijeran que "¡en Boca ya te habrían pinchado por lo que haces!". Su padre, por el contrario, no se reprimió: trató de revolverse y de golpear a uno de los ultras, y tuvo que ser frenado por la Policía Nacional, seis agentes que habían acudido para poner orden. Al final Ever pudo subir a su vehículo y marcharse a toda prisa del lugar.

La tensión se hizo aún más palpable con la salida de Iván Helguera. El cántabro salió por la puerta de autoridades con su hija de un año en brazos, y no tuvo problema en ir firmando autógrafos y fotografiándose con los aficionados que se lo pedían. Al llegar a la zona donde el incidente anterior había tenido lugar, los ultras estaban esperándole. "En el Madrid les comíais la polla a los Ultras Sur, aquí tenéis que hacer lo mismo", "no pienses que por llevar a la niña te vas a escapar", "Valencia es muy pequeña, te estás equivocando con nosotros"... Verdaderamente lamentable. Helguera mantuvo la calma y caminó con dificultad hasta un parking privado que hay en esa esquina, propiedad del club. Los insultos, amenazas, gritos... fueron presenciados por su hija pequeña, que miraba a los radicales con ojos asustados. Es una de las estampas más patéticas que he visto en mi vida.

El último capítulo de este infame sainete de violencia lo protagonizó involuntariamente Joaquín. El gaditano repitió lo hecho por su compañero minutos antes: salida por la puerta que da acceso al palco, firma de autógrafos y varias decenas de fotos con aficionados, y al final del camino... los Yomus. La habitual sonrisa del jugador se transformó en una mueca de seriedad e impotencia mientras escuchaba cosas como "gitano", "hijo de puta", "vete a los Morancos ahora"... Incluso se le llegó a echar encima el cabecilla del grupo, tocándole la pechera de forma amenazante. "El Pisha" llegó como pudo al garaje privado gracias a un par de miembros de la seguridad del club. Mientras, la Policía seguía mirando. Sin detenciones. Sin llamadas de atención. Nada.

Estos son los que la lían siempre. Los que son parados por las autoridades en Pamplona, y expulsados de Navarra porque en su autocar llevaban un auténtico arsenal (rodamientos, bates de béisbol...) que pretendían usar en los aledaños del Reyno de Navarra. Los que fueron a la final de la Copa gracias a las entradas proporcionadas por el club, sin tener que hacer cola ni participar en el sorteo. Los que gritan "¡Quique vete ya!" o "¡Jugadores mecenarios!", pero en cambio no dicen ni media palabra contra Juan Soler. Algo lógico, por otro lado: ¿cómo van a insultar a aquel que les proporciona todos sus caprichos?

Estampas como las del domingo hacen un daño tremendo a la imagen del Valencia CF. Y no podemos demonizar sólo a los ultras valencianistas, porque al fín y al cabo ellos sólo hacen su papel: atacar y destruir todo aquello que sus líderes ideológicos creen oportuno. Por eso habría que advertirle a Juan Soler que no siempre van a ser "majos" con él: como ocurre en estos casos, el máximo accionista debería cortar de raíz la mala hierba antes de que el problema de los ultras se haga más grave. Una niña de apenas un año no tiene porqué tener pesadillas con estos indeseables. ¿Está Ud. contento, señor Soler? Este es un monstruo que usted ha creado, y que con su incompetencia, permisividad y favores alimenta día tras día. Este es su Valencia CF. Y en su huida hacia adelante está consiguiendo fortalecer a unos radicales que cada día se sienten más respaldados en sus actos. "Paterna es nuestra", decía uno de ellos. Y si desde el propio club no hacen nada, ¿quién somos el resto para llevarle la contraria?