
Casi un mes sin escribir... elValencianista.com y el nuevo blog de la radio ocupan prácticamente todo el tiempo del que dispongo para teclear. No se si vale la pena, pero es la única explicación al porqué de mis actualizaciones tan esporádicas.
Dicho esto, hoy me he jodido bien. Me ha costado muchos años, y parece mentira que hasta hoy me haya salvado de algo así visto mi "historial". Fracturas de brazo, enguinces de clavícula, esguinces de los tres grados existentes en ambos tobillos y rodillas, problemas de menisco... Todo "gracias" al deporte, pero nunca una lesión muscular. Hasta hoy. Cansado de ver lesiones parecidas por la tele, en sesiones de entrenamiento y demás, enseguida el diagnóstico estaba claro. Músculo cargado. Arranque para perseguir a un rival."Pinchazo" en los isquios. Mano directa a la parte trasera de la pierna derecha. ¡Pupa!
Hasta ahora la sensación me la tenía que imaginar. Las contracturas, en palabras de futbolistas, eran "tirones", "tironcitos" o similares, muy molestos, que impiden seguir jugando pero no molestan demasiado en la vida cotidiana. El siguiente nivel son las microrroturas, algo más jodidas; y el último, las roturas de fibras. Dependiendo del tamaño en centímetros, del "RAAAAS!" que los futbolistas dicen escuchar, del agudo dolor que te impide moverte, el periodo de baja se puede adivinar con facilidad. Y sí, es tan jodido como lo pintaban en sitios como Paterna o Buñol.
Por desgracia, los mortales carecemos de los tratamientos profesionales que estos señores tienen a su disposición. La piscina, fisioterapia, masajes y resto de soluciones se reducen, en nuestro caso, a (mucho) hielo los primeros días, vigilar la dieta para no ponerte encima un par de kilos al no poder hacer ejercicio, antiinflamatorios para el dolor... y paciencia.
Al fastidiarme jugando a fútbol, curiosamente, he adquirido un mayor grado de empatía hacia aquellos que tienen la desgracia de padecer estas lesiones a menudo. La sensación de impotencia, ciertamente, es impresionante. Vicente Rodríguez, por poner un ejemplo, me seguirá pareciendo un borde que no disfruta de su privilegiada profesión... pero ahora entiendo, al menos, un 5% de su carácter malhumorado. Me compadezco más aún de tíos como el francés Delporte (Osasuna), que llevan años encadenando lesiones musculares una detrás de otra sin aparente solución.
Pero bueno, dicen que no hay mal que por bien no venga. Dentro de un mesecito o así, cuando el musculito de marras se haya reestablecido, podré volver a hacer el cabra en un terreno de juego... y quizá, sólo quizá, con el maldito título de Valencià Mitjà en el bolsillo. Sospecho que voy a tener MUCHO tiempo para estudiar...
Dicho esto, hoy me he jodido bien. Me ha costado muchos años, y parece mentira que hasta hoy me haya salvado de algo así visto mi "historial". Fracturas de brazo, enguinces de clavícula, esguinces de los tres grados existentes en ambos tobillos y rodillas, problemas de menisco... Todo "gracias" al deporte, pero nunca una lesión muscular. Hasta hoy. Cansado de ver lesiones parecidas por la tele, en sesiones de entrenamiento y demás, enseguida el diagnóstico estaba claro. Músculo cargado. Arranque para perseguir a un rival."Pinchazo" en los isquios. Mano directa a la parte trasera de la pierna derecha. ¡Pupa!
Hasta ahora la sensación me la tenía que imaginar. Las contracturas, en palabras de futbolistas, eran "tirones", "tironcitos" o similares, muy molestos, que impiden seguir jugando pero no molestan demasiado en la vida cotidiana. El siguiente nivel son las microrroturas, algo más jodidas; y el último, las roturas de fibras. Dependiendo del tamaño en centímetros, del "RAAAAS!" que los futbolistas dicen escuchar, del agudo dolor que te impide moverte, el periodo de baja se puede adivinar con facilidad. Y sí, es tan jodido como lo pintaban en sitios como Paterna o Buñol.
Por desgracia, los mortales carecemos de los tratamientos profesionales que estos señores tienen a su disposición. La piscina, fisioterapia, masajes y resto de soluciones se reducen, en nuestro caso, a (mucho) hielo los primeros días, vigilar la dieta para no ponerte encima un par de kilos al no poder hacer ejercicio, antiinflamatorios para el dolor... y paciencia.
Al fastidiarme jugando a fútbol, curiosamente, he adquirido un mayor grado de empatía hacia aquellos que tienen la desgracia de padecer estas lesiones a menudo. La sensación de impotencia, ciertamente, es impresionante. Vicente Rodríguez, por poner un ejemplo, me seguirá pareciendo un borde que no disfruta de su privilegiada profesión... pero ahora entiendo, al menos, un 5% de su carácter malhumorado. Me compadezco más aún de tíos como el francés Delporte (Osasuna), que llevan años encadenando lesiones musculares una detrás de otra sin aparente solución.
Pero bueno, dicen que no hay mal que por bien no venga. Dentro de un mesecito o así, cuando el musculito de marras se haya reestablecido, podré volver a hacer el cabra en un terreno de juego... y quizá, sólo quizá, con el maldito título de Valencià Mitjà en el bolsillo. Sospecho que voy a tener MUCHO tiempo para estudiar...